Hemoglobinuria Paroxística Nocturna

Hemoglobinuria Paroxística Nocturna

Nota Tomás Ortega e ilustración Jhemima Vélazquez.

Es una enfermedad rara y crónica de baja prevalencia, que está mediada por el complemento, una parte del sistema inmunológico en los seres humanos, en la que los eritrocitos o glóbulos rojos de la sangre, se rompen de forma prematura.


Afecta de igual manera a hombres y mujeres, sin embargo, la mayoría de los casos se presentan en la población adulta y solamente un 15% de los pacientes con este padecimiento son niños. Existen cerca de 20,000 personas en todo el mundo que padecen HPN, con una edad promedio de diagnóstico entre los 30 y 40 años.


Para que la patología se presente, debe existir una mutación de novo (es decir, aparecer por primera vez en una persona sin antecedentes familiares) en la que se pierden las proteínas de la membrana de los eritrocitos y al quedar expuestos o desprotegidos, se vuelven susceptibles al complemento, por lo que estas células se rompen en un proceso llamado hemólisis.


Al desintegrarse, liberan su contenido alto en hemoglobina, proteína encargada de transportar el oxígeno a los tejidos y órganos del cuerpo, que consume el óxido nítrico, lo que genera una gran variedad de síntomas, además, la sobre activación del complemento y su confluencia con la cascada de coagulación, hace a estos pacientes susceptibles a presentar trombosis, una de las principales causas de muerte.


El cuadro clínico de la HPN varía mucho de una persona a otra y no todas presentan los mismos síntomas, entre los que se encuentran: anemia hemolítica no inmunológica con prueba de Coombs negativa, orina de color oscuro o parecido a la sangre, afectación al músculo liso visceral y de los vasos sanguíneos que se refleja como espasmo esofágico, dolor abdominal o disfunción eréctil. La principal complicación es la trombosis, responsable de hasta el 67% de las muertes, además, los pacientes llevan una muy mala calidad de vida por los síntomas que se presentan.


A pesar de su nombre, no todas las personas tienen hemoglobinuria (presencia de hemoglobina en la orina), se calcula que hasta en un 30% está ausente, tampoco es paroxística, es decir por eventos súbitos o intensos, y no es nocturna.


Para el diagnóstico se requiere de una sospecha clínica, suelen ser pacientes con una trombosis inexplicada, anemia importante y datos de vasoespasmo o espasmo a nivel visceral. Otro marcador importante es el incremento de la LDH, una enzima que se encuentra en los eritrocitos y que se libera cuando este se rompe.


El diagnóstico definitivo requiere de una citometría de flujo, un estudio donde se evalúa si los glóbulos rojos tienen estas proteínas de membrana que le confieren protección.


Si existe tratamiento y consiste en inhibidores de C5, que evitan la activación del sistema del complemento, algunos de los efectos adversos que pueden presentarse con estos medicamentos son dolor de cabeza, rinitis, nasofaringitis y una indicación para administrarlos es contar con el esquema de vacunación para meningococo, de esa forma se evita la complicación por meningitis.

Con información de la doctora Rebeca Hershberger, Excoordinadora de evaluación del Departamento de Integración de Ciencias Médicas (CECAM) de la Facultad de Medicina de la UNAM.

¿Qué es y cómo se transmite la viruela del mono?

¿Qué es y cómo se transmite la viruela del mono?

Nota e ilustración por Zenyaci Morales

 

La viruela del mono, también conocida como Mpox, es causada por un virus perteneciente a la familia Orthopoxvirus y se descubrió alrededor de 1958 en una familia de monos que estaban en investigación. El primer caso en una persona se encontró en 1970 en República Democrática del Congo.

En 2022 se consideró como una enfermedad de emergencia mundial de salud debido a que se expandió en al menos 117 países, para 2023 se registró un descenso en el número de casos; sin embargo, el pasado 14 de agosto se declaró emergencia sanitaria por su expansión a otros países como Burundi, Ruanda, Uganda y Kenia.

Puede transmitirse a través del contacto cercano con animales o personas infectadas, mediante fluidos corporales, la piel y fómites, que son utensilios contaminados con el virus, como sábanas, cobijas u otros artículos personales.

La infección desaparece por sí sola en un periodo de 2 a 4 semanas y se presenta en dos fases, en la primera se manifiestan dolores de cabeza intensos, dolores musculares y articulares e inflamación de los ganglios linfáticos. En la segunda fase aparecen manchas en la piel que evolucionan a erupciones llenas de líquido vesicular y posteriormente a costras.

El diagnóstico se realiza de manera clínica y se confirma con un estudio de laboratorio llamado Reacción en Cadena de Polimerasa (PCR). Su tratamiento consiste en administrar medicamento para el control de los síntomas, las lesiones y un antiviral que se utiliza en los casos en los que las personas generan complicaciones graves.

Para su prevención es importante realizar el lavado de manos recomendado por la Organización Mundial de la Salud de manera constante, utilizar cubrebocas y evitar el contacto directo con personas infectadas.

Con información de la M. en C. Marie Nicoline Ordaz Kücks, Profesora de asignatura del Departamento de Salud Pública, Facultad de Medicina, UNAM.

 

¿Qué es la tuberculosis?

¿Qué es la tuberculosis?

La tuberculosis pulmonar es una enfermedad infecto-contagiosa producida por la micobacteria mycobacterium tuberculosis, la cual afecta al pulmón principalmente aunque puede ocasionar daño en cualquier otro tejido, como los riñones y los huesos. Esta enfermedad es la segunda causa de muerte a nivel mundial después de la Covid-19. Se estima que en 2022, 10,6 millones de personas en todo el mundo se enfermaron de tuberculosis y 1,3 millones de personas murieron.

Se transmite por contacto estrecho de una persona enferma al hablar, toser o estornudar, ya que se expulsan gotitas de saliva muy pequeñas que son inhaladas por quien esté cerca. Una persona con tuberculosis puede llegar a infectar a un rango de 10 a 15 personas en un año y se tiene más probabilidad de contagiar a las personas con las que se convive todos los días, como familiares o amistades. 

Una vez que este bacilo infecta el pulmón, se aloja dentro de las células del sistema inmune y ahí se multiplica y vive hasta que infecta a otras células; destruyendo poco a poco el tejido del pulmón. Puede pasar a la sangre e infectar a otros órganos o tejidos. Este bacilo, que afecta principalmente a bebés e infantes, no presenta movimiento propio y requiere de oxígeno para vivir.

Cuando alguien se enferma de tuberculosis presenta fiebre, escalofríos, sudoración nocturna, pérdida de peso, tos y flemas que a veces pueden acompañarse de sangre. Si se presenta alguna sospecha se debe acudir con el personal médico inmediatamente para un diagnóstico temprano, en donde se realizará examen general, rayos x, prueba de tuberculina (que consiste en una intradermorreacción) y baciloscopia. El tratamiento consiste en utilizar cuatro antibióticos durante 6 meses y su objetivo es la curación del 100% de los casos, cuando su administración es efectuada en tiempo y forma.

Mycobacterium tuberculosis es un bacilo que resiste todos los desinfectantes caseros, hospitalarios e industriales, por lo que la mejor manera de prevenir la tuberculosis es a través de la vacuna “BCG”, la cual se administra en las primeras horas de nacimiento y más de 100 millones de infantes la reciben cada año.

 

Con información de la Dra Antonia Isabel Castillo Rodal Profesor Titular “A” Tiempo Completo , Departamento de Microbiología y Parasitología y la estudiante de Licenciatura de Medicina Paulina Puente Mancera.
Referencias:
Organización Mundial de la Salud. (7 de noviembre de 2023). Tuberculosis. Disponible en: https://who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/tuberculosis
Global tuberculosis report 2021. Geneva: World Health Organization; 2021. License: CC BY-NC-SA 3.0 IGO.
Guía de Práctica Clínica, Diagnóstico y Tratamiento de Casos Nuevos de Tuberculosis Pulmonar. México: Instituto Mexicano del Seguro Social; 2009.
Murray, P. R., Rosenthal, K. S., & Pfaller, M. A. (2017). MYCOBACTERIUM Y BACTERIAS ÁCIDO-ALCOHOL RESISTENTES RELACIONADAS . In Microbiologia Médica (8ava ed., pp. 218–228). Essay, Elsevier.

 

¿Qué es el síndrome de clase turista?

¿Qué es el síndrome de clase turista?

También conocido como trombosis venosa profunda del viajero, es una condición médica que afecta a algunas personas que realizan viajes de larga duración. Fue nombrado así en 1977 después de que se observaron casos en este grupo de viajeros. A continuación, se presentan datos sobre la incidencia, factores de riesgo y medidas preventivas relacionadas con este padecimiento. 

 

Incidencia:

  • En términos generales, se registra una incidencia de tres eventos de trombosis por cada mil viajeros anualmente.
  • El riesgo cardiovascular aumenta en función de la duración del viaje, siendo más notorio en vuelos extensos.
  • Se observan 215 casos por cada millón de personas en vuelos de más de cuatro horas.
  • En vuelos que superan las 16 horas, la incidencia se eleva a 740 casos por millón.

 

Factores de riesgo:

  • La realización de múltiples vuelos en un período corto aumenta el riesgo.
  • Las personas adultas jóvenes, especialmente las mujeres que consumen anticonceptivos orales, son más susceptibles.
  • Se considera relevante la altura, con mayor riesgo en individuos menores de 165 cm y mayores de 185 cm.
  • El sobrepeso y la obesidad contribuyen significativamente al riesgo de trombosis relacionada con vuelos.
  • Viajeros con hipertensión, diabetes, artritis, insuficiencia renal o VIH representan el 40 por ciento de los casos de trombosis.
  • Personas que han tenido cirugías recientes, fracturas o múltiples lesiones constituyen un tercio de los casos.

 

Medidas de prevención:

  • Combatir la deshidratación, ya que el ambiente de la cabina, caracterizado por su sequedad y baja temperatura, aumenta el riesgo.
  • Limitar el consumo de bebidas alcohólicas y cafeinadas, ya que contribuyen al riesgo de trombosis.
  • Evitar periodos prolongados de sueño durante el vuelo, especialmente si se duerme junto a la ventanilla.
  • Realizar ejercicios de movimiento en el asiento para prevenir la inmovilidad prolongada.
  • En algunos casos, se pueden considerar fármacos como heparinas de bajo peso molecular o anticoagulantes orales. La aspirina no siempre es efectiva en esta situación.
  • El uso de medias de compresión de grado medio o elevado puede ser beneficioso como medida preventiva.

 

En conclusión, el Síndrome de Clase Turista es una preocupación relevante para las personas viajeras de vuelos largos. Con una comprensión adecuada de los factores de riesgo y la adopción de medidas preventivas, es posible reducir significativamente la probabilidad de desarrollar trombosis venosa profunda durante el viaje.

 

 

Con información del Dr. Jorge Baruch Díaz Ramírez, Responsable de la Clínica de Atención Preventiva del Viajero (CAPV////+)

Todo lo que debes saber sobre la hepatitis A y cómo protegerte

Todo lo que debes saber sobre la hepatitis A y cómo protegerte

Nota: Brenda Portillo
Ilustración: Gabriel Espinosa 

La hepatitis A es una infección hepática común en México causada por el virus de la hepatitis A (VHA). Se ha identificado que existen grupos de riesgo más propensos a esta enfermedad, como personas viajeras, consumidoras de drogas, con enfermedades hepáticas crónicas y VIH, que se encuentran en asilos y guarderías,  personal de salud y hombres que tienen sexo con hombres. 

Los síntomas iniciales de la hepatitis A suelen aparecer alrededor de un mes después de la infección e incluyen fatiga, náuseas, vómitos, falta de apetito, fiebre y dolor abdominal en el cuadrante superior derecho. A medida que pasa el tiempo, pueden surgir otros signos como orina oscura (bilirrubinuria), heces pálidas (carentes de pigmento bilirrubínico), ictericia (tinte amarillo en la piel) y prurito (sensación de picazón). El periodo de incubación puede durar de 15 a 45 días, dos semanas antes de iniciar con síntomas y hasta una semana después de la aparición de la ictericia, las personas son altamente contagiosas, por lo que se recomienda el aislamiento hasta que la fiebre y la ictericia hayan desaparecido.

Cabe destacar que no existe un tratamiento específico contra el virus de la hepatitis A, por lo que el manejo de la enfermedad se centra en cuidados en casa, que incluyen descanso. En la mayoría de los casos, la enfermedad tiende a mejorar por sí sola. Aproximadamente seis meses después de contraer la infección, se experimenta una mejoría completa sin secuelas hepáticas. Durante el período de recuperación, se recomienda evitar el consumo de alcohol y ciertos medicamentos, como el paracetamol, a menos que sea indicado por un médico.

Con el fin de prevenir la propagación de la hepatitis A, se han establecido diversas medidas preventivas. Estas incluyen evitar el contacto directo al saludar, mantener una adecuada higiene de manos, especialmente después de ir al baño, cambiar pañales, tocar la basura o ropa sucia, así como antes de preparar alimentos y comer. También se recomiendan medidas de higiene y sanidad al preparar y conservar los alimentos, incluyendo el consumo de leche pasteurizada, lavado y desinfección de frutas y verduras, almacenar los alimentos a temperaturas adecuadas (4,4ºC o menos en el refrigerador y el congelador a no más de -17,8ºC), separar alimentos crudos de los cocidos, evitar guardar alimentos preparados por tiempo prolongado, lavar los utensilios después de su uso, así como, preferir locales de comida establecidos y comida caliente.

Además, la vacunación contra el virus de la hepatitis A es una medida efectiva para prevenir la enfermedad. Se recomienda un esquema de dos dosis en niños a partir de los doce meses y de dos o tres dosis en adultos con factores de alto riesgo.

 

REFERENCIAS:

GPC Diagnóstico y tratamiento de la hepatitis A. México. Secretaría de Salud, 2009

REVISIÓN: 

Dr. Jorge Baruch Díaz Ramírez, Jefe de la Clínica del Viajero de la Facultad de Medicina de la UNAM 

 

 

Salud en riesgo: el impacto de la ceniza volcánica

Salud en riesgo: el impacto de la ceniza volcánica

Nota: Pamela Gómez
Ilustración: Gabriel Espinosa

La ceniza volcánica está constituida por fragmentos de roca, minerales y vidrio volcánico. Su tamaño varía de manera importante: las partículas pueden ser tan grandes como granos de arena o tener tamaños menores a 2.5 micras. Las partículas más grandes se quedan atrapadas en la nariz y la garganta, mientras que las más pequeñas pueden llegar hasta los alvéolos, que son la parte más fina del aparato respiratorio.

Las cenizas volcánicas son abrasivas, no se disuelven en agua y también pueden contener gases generados durante la erupción volcánica, como dióxido de carbono y dióxido de azufre. Este último, en contacto con el agua, puede formar ácido sulfúrico, el cual es sumamente irritante.

La exposición a la ceniza volcánica puede generar una serie de problemas de salud debido a su composición y características, tales como:

  • Irritación de las vías respiratorias: causando congestión nasal, rinorrea (secreción nasal), tos, dificultad para respirar, irritación y dolor de garganta.
  • Problemas pulmonares: en personas con enfermedades respiratorias preexistentes, como el asma, la bronquitis y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), estas condiciones pueden empeorar.
  • Problemas oculares: irritación y daño en los ojos, incluyendo conjuntivitis, ojo seco y sensibilidad a la luz. También puede haber lagrimeo, sensación de tener una partícula extraña, secreción, enrojecimiento y, en casos extremos, abrasiones en la córnea.
  • Problemas dermatológicos: irritación de la piel, alergias y dermatitis.
  • Problemas gastrointestinales: la ingesta accidental de ceniza volcánica o el consumo de agua contaminada con la misma puede causar malestar estomacal, náuseas, vómitos y diarrea.

Las personas que fuman son más susceptibles a desarrollar síntomas respiratorios (como sibilancias, tos seca y producción de secreciones) cuando se exponen a las cenizas.

Los efectos en la salud pueden variar dependiendo de la composición química de la ceniza, la intensidad de la exposición y la susceptibilidad individual.

Si te encuentras en una zona afectada por la ceniza volcánica, es fundamental seguir las indicaciones y recomendaciones de las autoridades sanitarias locales para proteger tu salud.

 

Con información de la Dra. Guadalupe Ponciano, Académica del Departamento de Salud Pública, Facultad de Medicina UNAM