11/10/21 | +Descubrir

Nota: Eric Ramírez
Ilustración: Alexis Domínguez
- Es una enfermedad no contagiosa, que se presenta en una de cada 17 mil personas.
“Era un niño de estatura media, delgado, con una cabellera alborotada y muy amable con todos, en especial con personas de la tercera edad que subían al transporte público en las mañanas; sin embargo, sus características más notorias eran su color de piel y cabello, tan blancos como la nieve. Lo conocí en mi infancia, pero hasta hoy sé que esa enfermedad, se llama albinismo . ”
Se presenta en una de cada 17 mil personas y es causada por una baja producción de la molécula llamada “melanina”, pigmento que le da color a la piel, el cabello y algunas partes de los ojos, provocando hipopigmentación.
A nivel genético, se requieren alrededor de 400 genes para tener pigmentación, 15 de los cuales están relacionados con el albinismo. Cuando existe un cambio en la secuencia de ADN, provocado por una deficiente producción de proteínas, da como resultado este padecimiento, el cual también está asociado a la herencia. Los progenitores pueden ser portadores de rasgos recesivos y ser asintomáticos, es decir, uno de los padres podría tener información genética de esta condición sin padecerla, lo que representa que un futuro bebé pueda tener el 25 por ciento de posibilidad de heredarlo.
En estos casos es muy importante que los médicos especializados en asesoramiento genético reúnan la mayor información posible sobre la historia clínica familiar y, en caso de ser necesario, explicar cuáles son las probabilidades de tener un hijo con estas características.
Asimismo, existen tres variantes de la enfermedad, la primera es la oculocutánea, la cual afecta el pigmento en la parte del ojo, piel y cabello; quienes la presentan deben poner atención a su exposición al sol, ya que la melanina es la que nos protege de la radiación UV y, al carecer de ella, son más sensibles a quemaduras o cáncer en la piel.
La segunda es el albinismo ocular, donde no hay afección de la piel ni del cabello, únicamente en el ojo: en ella existen síntomas como la fotofobia, es decir, las luces les producen malestar. Por último, está el tercer grupo que podría involucrar a otras enfermedades asociadas con el albinismo como el “Síndrome de Hermansky Pudlak”, donde hay una disminución de plaquetas que provoca sangrado constante; o el “Síndrome de Chediak Higashi”, el cual ocasiona una afección del sistema inmunitario y que resulta en un defecto en la función de las células de defensa contra bacterias y virus.
Para reducir el impacto luminario y aumentar la protección dermatológica, es recomendable utilizar ropa de manga larga, cuello alto, pantalón, sombrero, gorra, lentes protectores para luz UV y bloqueador (con un factor solar adecuado), para evitar quemaduras solares y prevenir la aparición de cáncer de pie.
“Es importante mencionar que esta condición nunca fue un impedimento para que mi amigo jugara, estudiara, contara chistes o conviviera en el grupo. De igual manera, hay que recalcar que el albinismo no es contagioso, y ante cualquier complicación deberán acudir al oftalmólogo y/o al dermatólogo, para que les brinden un tratamiento integral. ”
Con información del Doctor Jesús Benítez Granados, Académico del Departamento de Embriología y Genética, Facultad de Medicina de la UNAM.
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06/10/21 | +Descubrir

En el siglo XVII, el boticario francés Pierre Pomet (1658-1699) consideraba que productos como el tabaco, el índigo, el azúcar, así como los remedios de polvos de momia o cuerno de unicornio, eran drogas exóticas descubiertas gracias a las exploraciones y a la expansión colonial de los europeos.
Pomet fue jefe farmacéutico del Rey Luis XIV, su trabajo era considerado como el de una autoridad gracias a sus extensos viajes por Europa, en los cuales recolectó muestras botánicas y recetas de farmacia.
En 1684 publicó su obra más conocida, Histoire générale des drogues (Historia general de las drogas), en donde describe la naturaleza de distintos materiales y sus fuentes. Uno de los productos más exóticos eran los polvos de momia, común en la Medicina europea desde el siglo XII hasta el siglo XVII.
Las resinas utilizadas en el embalsamamiento de las momias tenían un aspecto similar al bitumen, un líquido negro y viscoso al que se le atribuían propiedades saludables y que los árabes denominaban “mummiia”. Con el paso del tiempo, se empezó a aplicar el vocablo “mummia” a la totalidad del proceso de embalsamado, popularizando el empleo de los cuerpos momificados como método terapéutico.
Boticarios europeos comenzaron a usar los polvos de momia y atribuir su eficacia para el tratamiento de heridas, tumores y numerosas enfermedades, incluyendo la gota y la parálisis. Con la llegada del Renacimiento y el estudio metódico de la Medicina, los polvos de momia quedaron olvidados para siempre debido a sus escasas propiedades curativas; sin embargo, Pomet lo anota en su obra dada la popularidad terapéutica que tenía en Europa.
Con información del Lic. Oscar Maya Corzo, Responsable de la Biblioteca “Dr. Nicolás León”, Facultad de Medicina de la UNAM. En la Facultad de Medicina tenemos la edición inglesa: A compleat history of drugs, written in French by Monsieur Pomet, Londres: printed for [William Bowyer] for R. and J. Bonwicke, and R. Wilkin [y otros], 1725. Esta obra forma parte del Fondo Antiguo de la Biblioteca “Dr. Nicolás León”, ubicada en el Palacio de la Escuela de Medicina.
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30/09/21 | +Descubrir

Es normal sentirnos cansados de vez en cuando, pero hay que estar alerta si el cansancio nos roba la motivación.
Nota: Karen Hernández
Ilustración: Elvia Hernández
Falta de motivación al realizar actividades que antes causaban placer, dificultad para dormir o poder despertarse, no ver nada positivamente, dolor de cabeza, articulaciones, músculos y garganta, son algunas de las alertas que se presentan en un cuadro de síndrome de fatiga crónica.
Se trata de un trastorno crónico que se caracteriza por un cansancio rebasado que no mejora con el descanso, dificultad de concentración, memoria e impedimento para realizar las tareas cotidianas. Más que agotamiento físico, la principal causa identificada es el desgaste emocional al estar expuesto a un estrés excesivo, principalmente en el ámbito laboral.
Por su sintomatología, se puede confundir con depresión, artritis reumatoide y cáncer, entre otras enfermedades. En ocasiones a estos síntomas se le suma la presencia de alteraciones en la alimentación, como no tener hambre o comer de más. Afecta socialmente a quienes lo padecen porque consideran que son incomprendidos y poco valorados, por lo que muchas veces prefieren aislarse.
Se diagnostica de forma clínica, es decir, en caso de sentirse identificado con los síntomas anteriormente mencionados se recomienda acudir con un médico, quien podrá sugerir un tratamiento que mejore esta condición, ya que puede llegar a incapacitar al individuo.
Se puede prevenir al dedicar tiempo a sí mismo, mejorar los hábitos de sueño y alimentación, hacer ejercicio y tener momentos de entretenimiento que permitan enfocarse en las cosas positivas de la vida. Es importante crear redes de apoyo con amigos, colegas y familiares.
Con información de la Doctora Jacqueline Cortés Morelos, Académica del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental, Facultad de Medicina de la UNAM.
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30/09/21 | +Cultura

Nota: Felipe Aliaga
Ilustración: Jhennifer Martínez
Esta película es protagonizada por William Hurt, como Jack MacKee, un doctor que experimenta una transformación en su visión de la vida, de la enfermedad y de las relaciones humanas. Dirigida por Randa Haines, directora y productora de cine y televisión. Su obra está basada en una versión del libro del Dr. Edward Rosenbaum, 1988: A Taste Of My Own Medicine.
La historia narra cómo el Dr. MacKee vive en su propio hospital, como paciente común, el mismo trato inadecuado que daba a sus enfermos. Este doctor es un prestigioso cirujano cardiovascular que se muestra bastante insensible hacia el padecer de los pacientes, hasta que sufre un tumor de laringe y vive en carne propia la importancia de la empatía y comunicación en la relación médico-paciente.
Con la enfermedad, descubre aquello que no aprendió ni en la universidad ni en su trabajo: todos los médicos terminan siendo pacientes, y así como ellos tratan, están enseñando a sus residentes cómo quieren ser tratados cuando estén enfermos.Cuando el Dr. MacKee se reincorpora al trabajo, después de controlar su enfermedad, lo primero que hace es obligar a sus residentes a estar ingresados 72 horas como enfermos en el hospital: ‘Así podréis aprender lo que nunca me explicaron a mí’.
La vida humana tiene un valor absoluto e inviolable. Es una responsabilidad enorme para los profesionales de la salud, que genera una reflexión continua del uso correcto del conocimiento para sanar y no para dañar.