05/03/21 | +Descubrir
Nota: Eric Ramírez
Ilustración: Gabriel Espinosa
¿Te has preguntado por qué las bases médicas fueron establecidas por hombres? Durante mucho tiempo las doctoras no podían figurar en los equipos médicos y menos hacer investigaciones; al igual que otras actividades, ésta se pensaba únicamente para los varones. Incluso, aquellas que lo intentaban eran tratadas como “brujas” o eran silenciadas por la estructura patriarcal.
Pasaron los siglos, las luchas y las mujeres hoy pueden ser doctoras, investigadoras, profesoras, directoras de escuelas de medicina y jefas de hospitales y de centros de salud; en fin, figuras de autoridad. Por ello, este recuento de mujeres en la historia de la medicina pretende reconocer su labor y las dificultades que pasaron para aportar en las ciencias de la salud.
Agnodice (300 a.C.) es reconocida como la primera mujer médica en la historia de la medicina griega. Se dice que para estudiar, cortó su cabello y vestía como hombre; cuando reveló su identidad, los círculos médicos la acusaron de seducir pacientes con el fin de poder silenciarla.
Aspasia de Miletus (2 a.C.) nació en una familia educada y era una excepción en una época en donde las mujeres no podían ser instruidas. Ella fue doctora especialista en Obstetricia, Ginecología y Cirugía, destacó por su capacidad para prevenir embarazos de alto riesgo, así como para corregir posiciones fetales y prevenir varices uterinas y hernias. Aspasia influyó en el pensamiento de figuras como Platón, Cicerón, Plutarco y Pericles.
Trotula de Salerno (Siglo VI) tuvo prestigio como médica obstetra con el reconocimiento de la Escuela de Medicina de Salerno, y fue autora de múltiples obras médicas, “Passionibus Mulierum Curandorum” la más notable.
También escribió textos para educar a los hombres sobre el cuerpo femenino, debido al desconocimiento que existía al respecto, donde tocó temas como menstruación, concepción, embarazo, pediatría y enfermedades con sus respectivos tratamientos, destacando los remedios herbolarios.
Marcó los inicios de la Tanotología y la Genética por sus escritos sobre la forma en que los defectos de los padres influyen en sus bebés.
Abadesa Hildegarda Von Bingen (1098-1179) fue filósofa, política y produjo una gran cantidad de textos científicos sobre Teología. Viajó por Alemania y Francia enseñando Medicina y Teología en monasterios e instituciones eclesiásticas.
Era especialista en observación y diagnóstico de enfermedades, lo que la llevó a tener una gran reputación como sanadora. Escribió 14 libros sobre temas que van desde Botánica hasta Zoología, pasando por la medicina popular, la Psicología y la Anatomía Humana.
También realizó textos que hablaban de las relaciones sexuales, en donde detalla el placer desde el punto de vista femenino, siendo la primera en describir el orgasmo y algunos otros elementos de la sexualidad.
“James Barry” (Siglo XVIII y XIX) era oficial médico del Ejército Británico, con una notable reputación como cirujano durante 50 años. Se reveló al mundo que era mujer cuando murió y se le realizó una autopsia, representando un claro ejemplo de que las mujeres no triunfaban en este ámbito por falta de oportunidades en la profesión.
Elizabeth Blackwell (1821-1910) fue la primera mujer titulada en Estados Unidos y reconocida como médica en 1849. Junto con su hermana Emily y la alemana María Elizabeth Zakrzewski fundaron en 1857 el primer hospital para mujeres pobres y niños en Nueva York, logrando, las tres, tener su título profesional, laborar en un campo propio y ser aceptadas socialmente.
Matilde Petra Montoya (1859-1939) comenzó sus estudios de partera en la Escuela Nacional de Medicina, hoy Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue atacada y criticada por sus colegas masculinos y llamada “impúdica y peligrosa mujer”. El 25 de agosto de 1887 obtuvo oficialmente su título de médica. Fundó la Asociación de Médicas Mexicanas.
Con información de la Doctora Ana Lilia Higuera Olivo, Académica del Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina, Facultad de Medicina de la UNAM, y Atenea Lanz Uribe, Dirección General en MÉDIKA NOVARUM.
Arrizabalaga, Jon; Yuste, Carlos. Eso NO ESTABA en mi LIBRO de HISTORIA de la MEDICINA, Editorial Guadalmazán, España 2019
02/03/21 | +Saludable
Nota: Zenyaci Morales
Ilustración: Ana Baca y Zenyaci Morales
La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias. Cada vez que el corazón late bombea sangre hacia las arterias, es el momento donde la presión es más alta y se le conoce como presión sistólica. Mientras que, cuando el corazón está en reposo, entre un latido y otro, la presión sanguínea disminuye, es a lo que se le llama presión diastólica. En el adulto se considera que una presión menor a 120mmHg/80mmHg es la adecuada. Sin embargo, cuando la presión arterial es igual o superior a 140mmHg/90mmHg se conoce como hipertensión arterial sistémica.
La presión arterial alta o hipertensión arterial (HTA) es una enfermedad en la que la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias, con el transcurso del tiempo, es lo suficientemente alta como para causar enfermedad cardiaca, accidentes cerebrovasculares e infartos.
La presión arterial alta suele presentarse con ausencia de síntomas, por lo que se le conoce como el asesino silencioso. Aunque en algunas personas si se presentan algunos como dolor de cabeza, dificultad para respirar, sangrado nasal, palpitaciones y náuseas.
En México, la prevalencia de HTA ha ido en aumento, según la ENSANUT 2018 el 18.4 por ciento de los adultos mexicanos la padece, esta condición está estrechamente relacionada con la alta prevalencia del 75 por ciento de sobrepeso y obesidad que existe en nuestro país. Además, existen otros factores de riesgo, como la edad, los antecedentes familiares, una alimentación poco saludable, la inactividad física, el consumo de tabaco, el consumo excesivo de alcohol y el estrés.
Entre los hábitos alimentarios que han provocado estas altas prevalencias se encuentra el alto consumo de sal, según las encuestas, en México, consumimos entre 7 y 9g diarios de sal por persona, lo que se encuentra por arriba de las recomendaciones que son menos de 5g al día (menos de 1 cucharadita), y no solamente se refiere a la sal que le agregamos a los alimentos, sino a la sal que muchas veces no vemos, pero que se encuentra en abundancia en los productos ultraprocesados como las frituras, botanas, carnes frías, refrescos, los consomés en polvo, las comidas rápidas, por lo que es de suma importancia evitar este tipo de alimentos.
El exceso de sodio, componente de la sal, genera retención de líquidos en el cuerpo, lo que incrementa el volumen sanguíneo, afectando a las arterias y demandando un mayor esfuerzo del corazón. Además, afecta a un mecanismo de seguridad en el cerebro que es regulador de la presión arterial, por la secreción excesiva de la hormona antidiurética vasopresina.
Varios de estos factores, relacionados con el estilo de vida pueden ser modificados para prevenir el desarrollo de HTA como es hacer ejercicio, dejar de fumar, disminuir el consumo de alcohol, procurar disminuir el estrés, y como herramienta básica es el consumo de una dieta saludable, la que debe incluir un alto consumo de frutas y verduras (4 a 5 raciones al día), cereales integrales y leguminosas. El consumo de estos alimentos facilitará que aumente el consumo de fibra dietética, cuya recomendación es de 25 a 30g al día. También se recomienda consumir alimentos lácteos bajos en grasa, y si se consumen carnes debe preferirse el pescado y el pollo (sin piel ni grasa), el consumo de carnes rojas debe ser mínimo (no más de una vez por semana y raciones pequeñas), esto ayudará a que nuestra dieta sea también baja en grasas saturadas y colesterol.
Con información de María del Carmen Iñarritu, Maestra En Nutriología, Académica del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM.
22/02/21 | +Descubrir

Nota: Victor Rubio
Las necesidades de agua varían entre cada individuo y dependen de muchos factores como el estado de salud, el nivel de actividad física y la región donde se vive, por lo que no existe una fórmula fija para todas las personas. Además, es importante tener en cuenta que todos los días el cuerpo pierde agua en la respiración, el sudor, la orina y las evacuaciones intestinales.
Importancia del agua en nuestra vida
El agua es el componente químico principal del cuerpo y representa aproximadamente el 60 por ciento del peso corporal. Además, elimina los desechos a través de la orina, la transpiración y las evacuaciones intestinales; mantiene y regula la temperatura corporal, lubrica y amortigua las articulaciones y protege a distintos tejidos de todo el cuerpo.
Las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de los Estados Unidos determinaron que el consumo diario adecuado de agua para un adulto promedio saludable que vive en un clima templado es de aproximadamente 15 tazas y media (3,7 litros) para los hombres y 11 y media tazas (2,7 litros) de agua al día para las mujeres. Estas recomendaciones incluyen el agua proveniente de las bebidas y los alimentos, donde aproximadamente el 20 por ciento del consumo diario de agua proviene de los alimentos y el resto de las bebidas.
¿Por qué se da el consejo de beber ocho vasos por día?
Se dice que beber ocho vasos de ocho onzas (aprox. 237ml) de agua por día, es fácil de recordar y es un objetivo razonable de ingesta de líquidos diario, sin embargo, existen factores que influyen en los requerimientos de agua al día, de acuerdo con el tipo y cantidad de ejercicio, el clima (dependiendo de los ambientes cálidos o húmedos y las altitudes elevadas), estados fisiológicos como el embarazo, en el que se recomienda beber alrededor de 10 vasos (2,4 litros) de líquido por día, mientras que en la lactancia se sugieren alrededor de 13 vasos (3,1 litros) de líquido por día y en alteraciones de la salud relacionados a procesos infecciosos, fiebre, diarrea y vómito, principalmente.
El requerimiento de agua se puede calcular con base en el consumo de alimentos y debe incluir variaciones de clima, actividad física y tipo de dieta. Diversos autores coinciden en que los alimentos sólidos proporcionan 20 a 30 por ciento de la ingesta total de agua, esto es alrededor de 700-800 ml/día. El contenido de agua en los alimentos es, en promedio, del 40 por ciento en el pan, el 40 al 70 por ciento en comidas calientes, el 80 por ciento o más en frutas y verduras, y el 90 por ciento en la leche. Las dietas ricas en verduras y frutas aportan una cantidad significativa a la ingestión total de agua.
Se recomienda beber de 1 a 1.5 ml de agua por kcal de consumo energético. En menores de seis meses toda el agua debe provenir de la leche materna, a razón de 100 a 190 ml/kg al día; de 6 a12 meses deben ser de 800 a 1,000 ml por día, sumando leche materna y la introducción progresiva de agua a partir de los 6 meses de edad. Los niños de 2 a 3 años deben consumir 1,300 ml al día, y los de 4 a 8 años, 1,600 ml/día. De 9 a 13 años, las mujeres deben consumir 1,900 ml por día, mientras que los hombres 2,100 ml. Para los mayores de 14 años aplican las mismas recomendaciones de consumo de agua que para los adultos.
Recomendaciones en embarazo y lactancia
Se recomienda ingerir entre 8 a 10 vasos de agua al día durante el embarazo (1,800 a 2,000 ml), para cuidar la circulación fetal, el líquido amniótico y el volumen sanguíneo. Además de la recomendación de incrementar 300 ml al día durante el embarazo, se sugiere incrementar en 700 ml por día durante la lactancia.
La Organización Mundial de la Salud hace una recomendación general de consumo para mujeres adultas en trabajo manual con alta temperatura de 2.2 litros por día, para la mujer embarazada de 4.8 litros y durante la lactancia de 3.3 litros al día.
Consejos para personas con buen estado de salud
Para prevenir la deshidratación y asegurarte de que el cuerpo tenga el líquido que necesita, es importante beber un vaso de agua u otra bebida sin calorías o baja en calorías con cada comida y entre las comidas, beber agua antes, durante y después del ejercicio, si tienes hambre, toma agua, a veces la sed se confunde con el hambre.
Referencias:
- Hydration: Why it’s so important. American Academy of Family Physicians. https://familydoctor.org/athletes-the-importance-of-good-hydration/. Accessed Jan 20, 2021.
- Water & nutrition. Centers for Disease Control and Prevention. https://www.cdc.gov/healthywater/drinking/nutrition/index.html. Accessed Jan 20, 2021.
- El agua en nutrición, Héctor Ávila-Rosas, Ángeles Aedo Santos, Gabriela Levin-Pick, Héctor Bourges-Rodríguez, Simón Barquera. Perinatología y Reproducción Humana. Volumen 27, Suplemento 1 pp. S31-S36. https://www.medigraphic.com/pdfs/inper/ip-2013/ips131e.pdf
- EFSA Panel on Dietetic Products, Nutrition and Allergies (NDA). Scientifi c opinion on dietary reference values for water. EFSA J 2010; 8: 1459
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22/02/21 | +Sexualidad
Nota, ilustración e infografía: Zenyaci Morales
Las enfermedades cardiovasculares son desórdenes que afectan al corazón, a los vasos sanguíneos, venas y a todo el aparato circulatorio, siendo el padecimiento más común el infarto de miocardio y la primera causa de muerte en el mundo, sin contar el reciente evento extraordinario por COVID-19. En la última década el número de muertes por enfermedades cardiovasculares aumentó en un 50 por ciento.
Es importante considerar cuando se ha presentado un evento cardiovascular como un infarto agudo al miocardio o cuando se detecta una de estas enfermedades en el paciente sin haber presentado ningún evento previo de este tipo. En ambos casos, se deben controlar sus factores de riesgo, como el padecer obesidad, colesterol alto en sangre, hipertensión o diabetes.
Cabe señalar, que el tratamiento en los primeros minutos de infarto al miocardio ha logrado salvar muchas vidas y las enfermedades del corazón por obstrucciones en la arteria causan necrosis o muerte del tejido miocárdico que puede significar muerte súbita o dejar al corazón con una mala función.
Estas enfermedades afectan igual a mujeres y hombres, sin embargo, la etapa hormonal de las mujeres las protege hasta que llega el momento de la menopausia, es decir, corren menor riesgo hasta los 45 a 50 años, mientras que, la incidencia se vuelve mayor hacia los 65 a 70 años, otra de las características importantes en las mujeres es que presentan menos signos y síntomas cuando ocurre una falla cardíaca. Para el sexo masculino la edad promedio en la que ocurre un infarto con mayor frecuencia es alrededor de los 60 años.
Durante mucho tiempo se pensó que no era recomendable que estos pacientes tuvieran una vida sexualmente plena, sobre todo, después de tener un infarto. La gran mayoría de los y las pacientes que han sufrido un infarto no preguntan a su médico sobre cómo llevar su vida sexual y el miedo es frecuente, tanto en las personas afectadas, como en sus parejas y muchos médicos tampoco les dan información al respecto. Sin embargo, es extremadamente raro que ocurra un infarto durante la actividad sexual y no hay evidencia de que signifique algún peligro, e incluso algunos estudios señalan que mejora la función cardiovascular, dependiendo del daño que haya causado el infarto. Ésta puede reanudarse a las pocas semanas de haberlo sufrido, siempre y cuando el paciente se encuentre estable, controlado con su tratamiento y rehabilitado.
El medico rehabilitador irá fijando la carga de esfuerzo en la o el paciente de acuerdo a sus condiciones y evolución. Por su parte, este esfuerzo no es tan grande en el acto sexual e incluso resulta mucho más peligroso una mala noticia, un maltrato o algún otro tipo de situación adversa que atente contra sus emociones como una fuerte noticia o un despido.
Es importante optar por un estilo de vida basado en la prevención de estas enfermedades cardiovasculares y metabólicas como obesidad, diabetes e hipertensión, puesto que son las más incidentes en nuestro país y significan un gran problema de salud pública. Se estima que dentro de 15 a 20 años la mitad de la población fallecerá a causa de enfermedades cardiovasculares.
Con información del Doctor Enrique Gómez Álvarez, Profesor de Cardiología de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM.
14/02/21 | +Descubrir

Nota: Pamela Gómez
Ilustración: Gabriel Espinosa
Una enfermedad más allá de los pulmones
Los efectos que causa la COVID-19 en nuestro cuerpo continúan descubriéndose y perfeccionando su estudio. La mayor parte de la información que se tiene hasta el momento se ha adquirido en estudios realizados con pacientes hospitalizados, los cuales llegan a presentar con mayor frecuencia edad avanzada, enfermedades como hipertensión, diabetes y antecedentes cardíacos. Por ello, es complicado generalizar las reacciones de este virus a la población abierta. Sin embargo, hoy en día se sabe que los pulmones y el corazón son de los órganos principalmente afectados.
De acuerdo con la fisiopatología de la enfermedad, en el caso del corazón se establecen cinco mecanismos posibles de daño:
• Daño directo a las células del tejido muscular (miocito). Se trata de una miocarditis, una inflamación del músculo cardíaco de origen viral, no exclusivo de los coronavirus. Se sospecha que es uno de los mecanismos de daño en donde el virus entra directamente a las células del corazón, generando una respuesta de inflamación que puede ocasionar daño transitorio o definitivo.
• Daño por hipoxemia. Éste daño es ocasionado por los bajos niveles de oxígeno en la sangre a consecuencia de la infiltración o afección del pulmón y la pérdida de intercambio gaseoso. Esto genera un aporte insuficiente de oxígeno al músculo cardíaco, lo que puede ocasionar daño directo, principalmente si este órgano ya presentaba alguna afectación previa a la enfermedad.
• Miocardiopatia inducida por estrés, también conocida como Síndrome de Takotsubo. Se caracteriza por una liberación muy agresiva de sustancias como las catecolaminas, las cuales se presentan cuando el cuerpo es sometido a un estímulo importante, generando un daño que habitualmente es transitorio a las células del corazón. Los síntomas se asemejan al de un infarto y el corazón puede llegar a cambiar de forma, adquiriendo una apariencia semejante a las ollas de pulpo de los pescadores japoneses en Hiroshima, motivo por el cual se conoce como Síndrome de Takotsubo (del japonés Tako, pulpo, y Tsubo, olla). Habitualmente el paciente tiende a recuperarse, aunque hay algunos que llegan a presentan falla cardíaca aguda.
• Rotura de la placa aterosclerosa. Las arterias del corazón con el paso de los años se van llenando de placas de calcio y colesterol, un fenómeno crónico que habitualmente se presenta a lo largo de muchos años. Se cree que los pacientes con coronavirus pueden presentan inestabilidad en estas placas, lo que ocasiona que se fracturen, liberando sustancias proinflamatorias y tromboticas al torrente sanguíneo, desencadenando un infarto.
• Tormenta de citocinas. Las citocinas son sustancias que utiliza nuestro cuerpo para defenderse de agentes dañinos, es una respuesta inflamatoria sistémica. En este caso se liberan de una forma excesiva y descontrolada, ocasionando daños en todo el cuerpo.
Dependiendo del daño que se haya sufrido surgirán las secuelas, si fue transitorio, muy probablemente se recupere satisfactoriamente. En caso de haber sido severo y de no haberse tratado a tiempo o de una forma adecuada, podría ser crónico, generando que el corazón quede con fuerza debilitada para el resto de la vida. Algunos estudios indican que hay una mayor incidencia de arritmias e insuficiencia cardíacas posteriores a la infección por coronavirus.
Aquellas personas que se han recuperado de la infección por SARS-CoV-2 deben estar atentas a su evolución clínica y dar seguimiento médico por lo menos una vez al año. Si son pacientes que sufrieron problemas cardíacos durante la infección, requieren ser evaluados por un especialista con estudios como resonancia magnética o electrocardiograma. Lo más importante es estar atentos a la presencia de síntomas como falta de aire, dolor en el pecho y palpitaciones.
Es fundamental la prevención en el cuidado de nuestro corazón, es decir, llevar un estilo de vida saludable, dieta balanceada, no fumar, hacer ejercicio y dormir bien. Sin embargo, aunque estas medidas suenan muy fáciles de hacer, al final del día, la organización en nuestros tiempos, el dinero y los problemas personales, terminan por hacerlo complicado, provocando que dejemos de lado el cuidado de nuestra salud.
Aún falta muchos años de estudio para poder documentar información certera sobre este virus y cómo afecta a nuestro cuerpo, pero es importante no menospreciar esta enfermedad y continuar cuidándonos.
Con información del Doctor Álvaro Contreras Villaseñor, Académico y Miembro del Subcomité de Cardiología de la División de Estudios de Posgrado, Facultad de Medicina de la UNAM y Médico Adscrito de Hemodinamia de la Unidad Médica de Alta Especialidad del Hospital de Especialidades, del Centro Médico Nacional “Siglo XXI”.