Cardiopatías congénitas

Cardiopatías congénitas

Existen dos tipos de cardiopatías congénitas: acianóticas y cianóticas.

En las primeras, la sangre con oxígeno sufre una reacción anormal y pasa de las cavidades izquierdas a las derechas.

Estas se subdividen en 4 tipos:

– Persistencia del conducto arterioso (PCA): en esta existe la persistencia de una arteria adicional que está presente durante la vida fetal y se cierra durante las primeras horas de vida.

– Válvula aórtica bicúspide: la válvula de la arteria aórtica tiene solo 2 valvas de las 3 que un corazón normal debería tener.

– Comunicación Interauricular (CIA): en esta existe un defecto en la pared que separa las aurículas formando uno o más orificios y comunicando las aurículas entre sí.

– Comunicación  interventricular (CIV): existe una presencia de orificios en la pared que separa los ventrículos, permitiendo que ambos se comuniquen entre sí.

Las cardiopatías congénitas cianóticas se caracterizan por el hecho de que la sangre que llega al corazón sin oxígeno se mezcla con la oxigenada, esto a su vez, pasa a la circulación sistémica y provoca una coloración azulada.

Y estas se subdividen en 3 tipos:

– Dextotransportación de grandes arterias: las principales arterias del corazón cambian su lugar de origen, logrando que la aorta salga del ventrículo derecho y la pulmonar del izquierdo.

– Tetralogía de Fallot: es un defecto de la pared ventricular, la aorta sale por la misma y la arteria pulmonar es más estrecha, el ventrículo derecho puede presentar un crecimiento, es la más común en la infancia.

– Tronco arterial común: se trata de una gran arteria única que sale de la base del corazón, de esta surgen las arterias coronarias, la pulmonar y la aorta.

El 1% de los recién nacidos vivos son afectados por una cardiopatía congénita y su origen es multifactorial.

Con información de los libros: Manual CTO de Cardiología (2017) y del Manual CTO de Pediatría (2017), del Grupo CTO.

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De qué murió Einstein y cómo robaron su cerebro…

De qué murió Einstein y cómo robaron su cerebro…

Albert Einstein es uno de los personajes más reconocidos en la historia. Por varias generaciones el físico alemán ha sido inspiración de otras mentes creativas por sus grandes aportaciones a la ciencia del siglo XX.

En abril de 1955, a los 76 años de edad, el autor de la Teoría de la Relatividad General falleció víctima de una hemorragia interna, provocada por la ruptura de un aneurisma aórtico abdominal, pero ¿qué es eso?

Nuestro cuerpo está lleno de conductos por los cuales pasa la sangre que bombea el corazón, estos se llaman “vasos sanguíneos”. Las venas y arterias son ejemplos de ello. Un aneurisma sucede cuando estos conductos pierden fuerza en sus paredes y, con el flujo de la sangre, se ensanchan cada vez más.

La aorta es una arteria y uno de los vasos sanguíneos más importantes. Nace del corazón, recorre el tórax y abdomen. Normalmente mide de 1.8 a 2 centímetros, pero en un aneurisma se extiende a más de 3 centímetros.

Cuando ocurre no presenta síntomas, de hecho, quien lo padece puede no enterarse hasta que se lo detecta un médico durante una exploración física. Mediante una radiografía, un ultrasonido o una tomografía, se puede diagnosticar el problema.

Como el aneurisma va creciendo poco a poco (y puede reventarse, como le pasó a Einstein), debe estar bajo vigilancia médica y sujeto a tratamiento. Cuando alcanza los 5 centímetros o más debe someterse a cirugía.

Ésta última hubiera sido una buena opción para el científico, sin embargo, rechazó ser operado. “Quiero irme cuando quiero. Es de mal gusto prolongar artificialmente la vida. He hecho mi parte, es hora de irse. Yo lo haré con elegancia”, dijo. Dos días después murió en el hospital de Princeton, dejando un legado que cambió al mundo.

El genio quiso tener un funeral modesto. De acuerdo con el libro “Paseando con Mr. Albert: un viaje a través de EE.UU. con el cerebro de Einstein”, de Michael Paternini, eligió ser incinerado para evitar que su tumba se convirtiera en un lugar de veneración. Sólo sus familiares cercanos acudieron a la cremación del cuerpo, aunque una parte de él no fue incinerada: su cerebro.

El patólogo Thomas Stoltz Harvey, quien realizó la autopsia, extrajo el órgano con el fin de conservarlo para que la ciencia del futuro pudiera descifrar la genialidad de Einstein. Así que lo mantuvo oculto durante varias décadas, hasta que finalmente lo devolvió a los laboratorios de Princeton, cuando tenía más de 80 años.

Hasta ahora uno de los descubrimientos relevantes que se han hecho sobre el cerebro de Einstein es que algunas partes de su hemisferio izquierdo, las relacionadas con las matemáticas, son más grandes de lo normal.

 

 

Con información del Dr. Erich Carlos Velasco Ortega / Subcomité Académico de Angiología, División de Estudios de Posgrado. Facultad de Medicina UNAM