02/09/21 | +Descubrir

Nota: Karen Hernández
Ilustración: Gabriel Espinosa
- Los componentes que posee el cacao liberan neurotransmisores, los cuales son los responsables de nuestras emociones y de cómo nos sentimos.
Disfrutar de un rico chocolate mejora el estado de ánimo y brinda energía. No es por el azúcar que incluye, sino por los compuestos químicos naturales que posee el cacao. Éste se obtiene de los granos del árbol Theobroma cacao, de donde se saca extracto magro y manteca de cacao. Dependiendo de la concentración al mezclar estos componentes con azúcares, se obtienen tipos de chocolates: amargo (80 por ciento de cacao), de leche (20 a 25 por ciento de cacao) y blanco (sin sólidos de cacao).
El cacao tiene flavonoides, un tipo de antioxidante que favorece la presión arterial, la sensibilidad a la insulina, estimula la circulación de la sangre en el área del cerebro que promueve la memoria, previene el envejecimiento celular y los procesos degenerativos.
El chocolate no produce acné, por el contrario, puede mejorar notablemente la piel gracias a dos antioxidantes: fenoles y catequinas. Estos nutrientes regeneran la piel y reducen su inflamación, también contienen antioxidantes que luchan contra los radicales libres que causan el envejecimiento, suavizan las arrugas y mejoran la circulación. Además, no aumentan los niveles de colesterol-LDL, por lo que no inducen riesgo cardiovascular.
La relación entre el cacao-chocolate y el estado anímico es muy compleja. Existe evidencia científica de que el salsolinol es un alcaloide derivado de la dopamina (neurotransmisor causante de sentir placer) y se encuentra en el cacao. Comer chocolate con moderación y tener un estilo de vida saludable es una buena opción, tomando en cuenta que deben evitarse los chocolates altos en azúcares y bajos en cacao.
Con información de la Doctora María del Carmen Iñarritu Pérez, Académica del Departamento de Salud Pública, Facultad de Medicina de la UNAM.
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01/09/21 | +Descubrir

Nota: Guadalupe Lugo Ilustración: Gabriel Espinosa
- Tenemos muchas carencias en México, tanto humanas como de infraestructura.
En un país como el nuestro, convulsionado por la criminalidad, es crucial e importante el trabajo que realizan los profesionales que se dedican a la investigación de los hechos, desde el punto de vista científico y técnico, como los criminalistas en conjunto con otras ciencias forenses. De ellos depende en gran medida que se dicte una sentencia justa y apegada a la verdad de los hechos. La justicia la imparten los jueces y la construyen los fiscales y abogados defensores, además de los científicos y técnicos forenses que colaboran con ellos, para ayudarles a acercarse a esa verdad que todos buscamos como un derecho vinculado a la justicia. La criminalística –disciplina que constituyen a las ciencias forenses–, es la aplicación del análisis técnico para la resolución de hechos. Ahí podría entrar el análisis de un siniestro vial, el cual parte del estudio del lugar de los hechos y nos proporciona diversos elementos técnicos y científicos para analizar el delito, al delincuente y a la víctima. De acuerdo con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Colima, la criminalística es la ciencia en la que se aplican conocimientos, métodos y técnicas de investigación científica de las ciencias naturales para el examen del material sensible significativo, relacionado con un presunto hecho delictivo para determinar su existencia, reconstruirlo, señalar y precisar la intervención de uno o varios sujetos en el mismo. La criminalística es una de las ciencias forenses en la que se instruye a los estudiantes de la carrera de Ciencia Forense de la UNAM, donde se forman profesionales con una visión multidisciplinaria que abarca no sólo el área de la criminalística, sino también la investigación científica y las humanidades, vinculadas con la averiguación de los hechos. Algunas de las disciplinas que los científicos forenses abordan durante su formación en la UNAM son Criminalística, Biología Celular, Bioquímica; Química, Toxicología y Odontología Forense; Victimología, Derecho Penal y Teoría del Derecho, Bioética y Deontología Forense, Grafoscopía y Documentoscopía. Entonces, la Ciencia Forense es el concurso de técnicas y ciencias cuyas dimensiones están vinculadas al mundo jurídico-judicial, es algo más complejo que la criminalística, es el todo, el bagaje que da solidez al trabajo técnico-científico del investigador. En 2013, cuando la UNAM integró a su oferta académica la opción de Ciencia Forense, no existía en el país otra carrera semejante, la UNAM es pionera en la creación de una profesión con este perfil que proporciona a los estudiantes una formación integral y cuya función es cercana al Ministerio Público, al juez y a la autoridad que sea competente, a quienes les aportará los resultados del proceso de investigación. Por tratarse de una licenciatura de ingreso indirecto, cada año, desde 2014, se incorporan a la carrera de Ciencia Forense de la UNAM 36 de alrededor de 200 jóvenes que solicitan ingresar a esa licenciatura. Para formar parte de esta carrera los interesados deben haber sido aceptados, en primera instancia, en las facultades de Medicina, Química, Ciencias, Derecho, Filosofía y Psicología, una vez inscritos en dichas carreras, deben realizar un examen de ingreso, una prueba psicológica y una entrevista personalizada. Después de ese proceso de selección, el Comité Académico de la licenciatura elige a 36 personas. A la fecha han egresado 160 científicos forenses, 73 de los cuales se han titulado. Ellos tienen la capacidad de desarrollarse profesionalmente en los servicios periciales de organismos de procuración e impartición de justicia en el país; en los organismos de defensa de los derechos humanos, de defensoría pública, de atención a víctimas, de búsqueda de personas, tanto en el área gubernamental como en la ciudadana. También pueden desempeñarse en instituciones educativas y de investigación, aportando y generando nuevos conocimientos en las disciplinas forenses. Además, en organismos no gubernamentales, aseguradoras y en la iniciativa privada. Los criminalistas son de larga data, es decir, existen desde hace más de un siglo, cuando comenzaron a emplearse los conocimientos científicos y técnicos de manera formal, para investigar delitos e identificar personas. Estos especialistas deben contar con conocimientos múltiples, como es la Física, por ejemplo, para comprender la trayectoria de proyectiles –lo que se aplica en los dictámenes en materia de balística una disciplina de la criminalística–, o bien de química para estudiar huellas de sangre o analizar sustancias. Antes de que se analice un indicio en laboratorio se requiere en primer término al criminalista, quien identifica trazas de alguna huella biológica como un cabello, piel, saliva, semen u otro fluido que se considere relevante. Participación del científico forense Se ha evidenciado que en los últimos años los servicios forenses tienen carencias de infraestructura y de especialistas. Son muchos los cadáveres que ingresan a los servicios forenses y se van acumulando, ello no solo representa una carga de trabajo, también de almacenamiento. En el país se han realizado diversos esfuerzos para establecer servicios periciales oficiales que cuenten con el personal especializado necesario. Sin embargo, la formación de profesionales forenses y su empleo no es la suficiente, lo que sumado a la carencia de incentivos para que un profesional quiera dedicarse a esta actividad, conduce a una crisis de disponibilidad de personal profesional suficiente y entrenado. Desde hace ocho años la UNAM forma científicos forenses, y hoy se cuenta con egresados que coparticipan con los equipos de identificación de personas, su formación multidisciplinaria también les permite participar en los equipos de búsqueda de personas. Nuestros egresados son personas con la ilusión y la esperanza de que su trabajo sea verdaderamente efectivo y eficiente en el sistema de justicia. El Día del Criminalista se instituyó el 1 de septiembre de 1891 para recordar el uso oficial del método dactiloscópico creado por el criminalista argentino Juan Vucetich, quien logró implementarlo en esa fecha como un método para la individualización de personas mediante las impresiones dactilares. Con información de la Doctora Zoraida García Castillo, Coordinadora de la Licenciatura en Ciencia Forense, Facultad de Medicina de la UNAM. .
23/08/21 | +Salud Radio
No es muy común hablar de la importancia que tiene el sistema urinario para el funcionamiento del cuerpo humano, como lo es hablar de otros temas de salud pública. Sin embargo, los riñones cumplen tareas esenciales relacionadas con diferentes sistemas y órganos.
El aparato urinario se divide en dos partes: el aparato urinario superior incluye los riñones y los uréteres, y el aparato urinario inferior incluye la vejiga y la uretra.
Las principales funciones que realizan los riñones son:
- Sacar agua (orina).
- Secretar una hormona (eritropoyetina) que estimula a la médula ósea para formar la hemoglobina.
- Eliminar las toxinas que nuestro cuerpo produce a diario como creatinina, urea y ácido úrico, y las sustancias de los medicamentos que ingerimos.
Cada riñón está formado por millones de nefronas, las cuales tienen un componente fundamental llamado glomérulo, que es un filtro compuesto por capilares, donde se depura cada mililitro de sangre por minuto y se conforma la orina, lo que se relaciona directamente con el sistema cardiovascular, ya que esta filtración depende de la presión con la que la sangre llega a los glomérulos. Tanto con una presión arterial muy baja como con una excesivamente alta llega poca sangre y en ambos casos los pacientes orinan menos. La presión arterial sistólica está definida por la de las arteriolas renales, por esta razón, cualquier cambio en la presión arterial repercute directamente en la función renal.
Los túbulos renales forman la otra parte de la nefrona a partir de los glomérulos. Una vez que la sangre ya ha sido filtrada, en los túbulos comienza propiamente la orina y cada uno de ellos puede secretar y absorber sustancias como toxinas, fármacos y electrolitos. En el caso de la glucosa, se filtra el 100 por ciento y luego ese mismo porcentaje se absorbe, por lo que al final la orina debe tener un 0 por ciento de ella. Cuando en los casos de diabetes la glucosa en sangre supera los 180 mg/dl, esta reabsorción tubular resulta insuficiente y se empieza a eliminar glucosa mediante la orina, debido a que los capilares y las arteriolas renales se dañan por un mecanismo oxidativo que genera el exceso de la misma. Estos se engruesan y desarrollan aterosclerosis, lo que disminuye el riego sanguíneo y la capacidad de filtración glomerular. El control de la glucosa favorece a la disminución del daño renal al disminuir el proceso oxidativo.
Por otro lado, el hígado es un órgano con el que también se relacionan directamente, puesto que su circulación, la eliminación de toxinas y metabolitos (algunos de medicamentos) por vía hepática dependen de la capacidad de la filtración glomerular, por lo que el estadio más avanzado del daño hepático también perjudica al sistema renal.
Con respecto al sistema neurológico se afecta de manera indirecta, ya que el equilibrio de electrolitos que está definido por el sistema urinario determina la función de comunicación entre las neuronas. Por lo que una disfunción renal en una eliminación excesiva de electrolitos por sodio, puede llegar a causar el estado de coma o la muerte.
Debido a su relación con los sistemas antes mencionados, cuando los riñones no funcionan adecuadamente, se presenta la disfunción o insuficiencia renal, por lo que no hay salida de orina, se desarrolla anemia y edema o retención de líquidos.
Se recomienda que, para el cuidado de los riñones, se ingiera un litro de agua por cada 35 kg de peso y es importante consultar al médico en caso de presentar cualquier ardor o dolor al orinar, sangre en orina por mínimo que sea, ya que en caso de tener tumores renales, la enfermedad continúa evolucionando sin tener el diagnóstico adecuado.
Dr. José Antonio Absalon Reyes, Especialista en Medicina Interna y en Geriatría Maestro en Ciencias y en Farmacología Clínica. Adscrito al Departamento de Medicina Interna del Centro Médico Nacional Siglo XXI. Profesor de Farmacología de la Facultad de Medicina de la UNAM.
Para mayor información, consulta nuestro programa +Salud por Facebook Live: https://bit.ly/384CTO7
11/08/21 | +Descubrir

Quien no conoce la historia está condenado a repetirla
En plena Revolución Mexicana ocurrió la primera pandemia del siglo XX, la influenza de 1918, que provocó la muerte de 50 millones de personas, superando la letalidad de la Primera Guerra Mundial, que había causado 10 millones de decesos. A diferencia de los pasados brotes que afectaron a infantes y adultos ancianos, en esta ocasión la prevalencia se situó en los adultos jóvenes aparentemente sanos.
Se originó en los Estados Unidos de América y no en España como se suele creer, el 11 de marzo de 1918, cuando el soldado Albert Gitchell mostró signos de fiebre, tos y dolor de cabeza que parecía una simple gripa. Esa misma noche se registraron 107 enfermos en el fuerte y al final de la semana 522 personas presentaban los mismos síntomas. En 10 meses se llevó a la tumba de 20 a 40 millones de personas en el mundo.
Se conoció como “gripe española” porque los periódicos de este país fueron de los pocos que dieron la alarma con prontitud, lo cual dio pie a que muchos pensaran que la enfermedad se había originado allí. Mientras que en los países combatientes en la Primera Guerra Mundial se censuraba la noticia en la prensa, tratando de evitar el desánimo de las tropas y de las poblaciones.
En México
En nuestro país los primeros casos se empezaron a reportar en octubre, atacando los estados del norte, y para el día 8 del mismo mes, en el área de Laredo, Texas y Tamaulipas se calculaban 12 mil enfermos. Igual que en Estados Unidos las primeras víctimas fueron soldados.
La prensa nacional daba reportes en ocasiones alarmantes de la situación, siendo crítica con el gobierno en turno, descalificando las pocas medidas tempranas para el cierre oportuno de escuelas, iglesias y lugares concurridos, así como la necesidad de la vigilancia sanitaria correspondiente.
Medidas establecidas
En México se giró a los gobernadores un aviso de prevención y curación contra la influenza. En las Breves y elementales recomendaciones para combatir y atenuar los estragos de la influenza se anotan las siguientes indicaciones:
- Aseo personal más riguroso y desinfección especial de la boca y nariz con soluciones antisépticas débiles: ácido bórico al 5 por ciento, ácido fénico al medio por ciento, solución de agua oxigenada o solamente con un cocimiento ligero de hojas de eucaliptus.
- Aseo de las habitaciones, regándolas con soluciones antisépticas de ácido fénico, creolina, sulfato de cobre, bicloruro de mercurio o cocimiento de hojas de eucaliptus.
- Aseo, barrido y riego de patios, corrales, talleres y salones de espectáculos públicos, templos y cines, así como la parte correspondiente a la vía pública, con soluciones antisépticas más fuertes, si fuese posible, y sino, con agua simple en abundancia.
- Aislamiento inmediato del enfermo, asistiéndose por el menor número posible de personas y desinfección de sus ropas, ropas de cama, etc., por la ebullición o sea en agua hirviendo.
- Preventivos o profilácticos. El de mayor aceptación y que se juzga más eficaz es el sulfuro de calcio, a la dosis de cinco o seis gránulos de un centígramo, en tres dosis, mañana, tarde y noche. Recomiéndase así mismo la limonada… una vez al día como preventivo, y tres veces o constantemente a los ya atacados por la epidemia.
- Tratamiento curativo de casos benignos.- Reclusión inmediata del paciente en sus habitaciones, evitar enfriamientos, temperatura uniforme, pero ventilación conveniente de su pieza. Alimentación sana y poca. Para la calentura que siempre acompaña a esta afección, recomiéndase la administración de cápsulas de 12 centigramos de quinina y 20 centigramos de aspirina, cada dos o tres horas[…] Si hubiese tos, pueden administrarse unos papelillos de diez centigramos de polvo de Dower y 20 centigramos de benzoato de sosa, uno cada hora, cada dos o cada tres, según la intensidad de la tos, si sobrevinieron hemorragias por la nariz o por la boca, suministrarse media cucharadita de extracto fluído de Ergotina de Erba, tres veces al día.
- La esencia de canela, que en realidad, goza de propiedades antisépticas marcadas, también se ha publicado últimamente como preventivo, y acaso sea útil en los enfermos a las dosis de 15 gotas vertidas en una onza pulverizada, en una sola vez, disuelta en agua. El uso inmoderado de las tabletas de bromoquinina, es perjudicial. Se prohíbe en absoluto el uso de bebidas alcohólicas.
La mayoría de estas recomendaciones no fueron puestas en práctica por los grupos de población empobrecidos; es decir, la desinfección de las prendas y de las ropas de cama, la compra de medicamentos, la alimentación sana, y la ocupación exclusiva de una habitación para cada enfermo, eran hábitos de la sociedad acomodada.
Conforme avanzó el contagio el acceso a las medicinas empeoró. Para mediados de octubre las droguerías de la capital dejaron de vender medicamentos al por mayor, solo vendían cantidades pequeñas y a precios elevados.
Oficialmente se declararon 7 mil 375 muertes relacionadas con la influenza en la Ciudad de México, que tenía una población de 906 mil 63 habitantes en 1918, pero los diarios reportaban de 150 a 200 muertes al día, lo que daría un estimado de 6 mil muertes al mes.
Es preciso mencionar que en esta década nuestro país, debido a conflictos armados, tenía una inestabilidad política, al grado que los servicios de salud estaban comprometidos, estimándose al menos 300 mil muertos por este virus.
Conocer nuestra historia nos permite reflexionar cómo debemos actuar ante un futuro incierto y analizar cómo contribuir a la planeación de las políticas en salud considerando que las pandemias son eventos impredecibles y recurrentes.
Referencia:
Sandoval Gutierrez, (2021, mayo 21). 1918 pandemia de influenza en México. La gran pandemia del siglo XX, Revista de la Facultad de Medicina de la UNAM. Recuperado de https://bit.ly/3AlSh5C
Netzahualcoyotzi MM. La Influenza de 1918 en Tlaxcala: mortandad y efectos sociales.. Bol Mex His Fil Med. 2003;6(1):23-31. Recuperado de https://www.medigraphic.com/pdfs/bmhfm/hf-2003/hf031e.pdf
Murillo GG. Recordando a la gripe española. Med Int Mex 2011;27(5):463-466. Recuperado de https://www.medigraphic.com/pdfs/medintmex/mim-2011/mim115h.pdf
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26/06/21 | +Descubrir

El “Día Internacional de la Sordoceguera” es conmemorado anualmente de manera simbólica en el natalicio de Helen Keller (27 de junio de 1880 – 1 de junio de 1968), extraordinaria y reconocida activista en la lucha por los sensorialmente discapacitados.
La sordoceguera es una condición única, en donde existe una deficiencia combinada de dos de cinco sentidos, vista y oído, ocasionando en el individuo dificultad en la accesibilidad a los sistemas de comunicación y por tanto en la socialización, así como otras limitantes como la percepción del espacio y la libre movilidad en su entorno.
La sordoceguera es una condición congénita, es decir, esta presente en el nacimiento, como consecuencia de problemas en la gestación, pero también puede ser una condición adquirida por causas diversas, desde secuelas de una afección viral hasta un traumatismo.
Esta discapacidad es además atribuible al Síndrome de Usher, en el cual coexisten dos alteraciones, una en la visión y otra en la audición, ocasionando turbación en el equilibrio. Este síndrome es una afección genética autosómica recesiva, transmisible cuando se hereda una copia de un gen mutado o anormal de cada uno de los padres.
En este contexto, la intervención de un consejero genético es necesaria para evaluar la salud del padre y la madre, así como identificar las probabilidades que tienen de transmitir ciertos trastornos a su futuro bebé.
La sordoceguera cuenta con una clasificación, a causa de que las pérdidas visuales y auditivas se manifiestan y experimentan de diversas maneras.
Dentro del Síndrome de Usher existen tres grupos con diferentes implicaciones neurológicas y sensoriales, a grandes rasgos:
- El Tipo I, es el grado más severo con profunda pérdida de la audición, además de un impacto neurológico en el desarrollo psicomotor;
- El Tipo II, es el grado más frecuente, caracterizado por una pérdida moderada y progresiva de la audición pero con un equilibrio normal;
- El Tipo III, es el grado menos frecuente, caracterizado por una pérdida de la audición progresiva.
La sordoceguera no es una enfermedad, por lo tanto no tiene cura; sin embargo existe un tratamiento. La intervención es múltiple y especial, además es en función del nivel de sordera o ceguera que manifiesta o experimenta cada individuo, así es posible determinar el tipo de rehabilitación. Entre los especialistas involucrados están además del genetista, el neurólogo, oftalmólogo, otorrinolaringólogo y terapeuta, entre otros.
La dificultad de socializar, derivada de la combinación de la pérdida o privación visual y auditiva, también impacta la salud mental de los pacientes llevándolos a la depresión, por lo que es indispensable recurrir también a la intervención psicológica o bien, psiquiátrica.
Para individuos con deterioro auditivo o visual pero con restos de estos sentidos, existen ciertas alternativas al comunicarse, por ejemplo, al conservar cierto campo visual puede implementarse la lectura de labios o al conservar cierto nivel de audición puede recurrirse a prótesis o implantes, además, a través de la tecnología se han desarrollado programas especiales para su auxilio e integración.
Sin embargo, en casos sin restos de los dos sentidos o casos congénitos, presentes antes de la adquisición del lenguaje, la rehabilitación suele ser complicada, sobre todo al intentar desarrollar un sistema de comunicación. En este sentido, los familiares juegan un papel primordial como enlace con el resto de la sociedad a través de estímulos de tipo táctil como el Sistema Dactilológico.
En nuestros días, la existencia del Tamiz Neonatal Visual y el Tamiz Neonatal Auditivo, ambas pruebas sencillas, nos permiten detectar en una etapa temprana la disminución de la visión y la audición en recién nacidos, sin causar dolor o molestia.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, más de 6,179,890 de individuos viven en todo nuestro territorio con algún tipo de discapacidad, es decir, el 4.9 por ciento de la población total; de los cuales el 15.7por ciento tienen una deficiencia auditiva y el 26.0 por ciento una visual; sin embargo, aún no existe un dato duro que considere cuantas y cuantos mexicanos padecen ambas discapacidades al mismo tiempo, una clara señal de la falta de reconocimiento de esta condición.
Es por lo anterior que la conmemoración del “Día Internacional de la Sordoceguera” tiene como intención concientizar a la sociedad sobre el impacto de esta discapacidad múltiple en pacientes, familiares y en el sistema de salud para crear políticas públicas de inclusión, así como la necesidad de construir estrategias para identificar y canalizar a tiempo a estas personas.
Con información de la Doctora Adriana Hernández López, Coordinadora de Investigación en el Departamento de Cirugía y la Doctora Diana Lucía Acosta Cruz, Instructora del Departamento de Informática Biomédica de la Facultad de Medicina, UNAM.