06/04/22 | +Descubrir

Nota: Erick Cortés
Ilustración: Arantxa Mendoza
Las bacterias resistentes a los antibióticos causaron la muerte de 3 mil 500 personas cada día durante el 2019 (1.2 millones de personas en todo el año), una cifra que casi duplica las muertes anuales por sida (680 mil). Esto sin contar 5 millones de fallecimientos que en el mismo periodo fueron asociados con enfermedades en las cuales la resistencia antimicrobiana jugó algún papel importante.
La causa más frecuente de las muertes fueron infecciones comunes que antes eran tratables con antibióticos, principalmente en el sistema respiratorio y en la sangre. Tras varios años de dar seguimiento a estos casos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una lista con las bacterias más resistentes y peligrosas, para las cuales se necesitan urgentemente nuevos antibióticos.
En dicha lista se encuentra la bacteria Staphylococcus aureus, un patógeno particularmente mortal que puede causar endocarditis (infección interna del corazón), bacteriemia (infección del torrente sanguíneo), infecciones de la piel, huesos y pulmones. Esta bacteria generó resistencia a los antibióticos ampicilina y vancomicina, los cuales también perdieron efectividad contra el Enterococcus faecium, un microorganismo que infecta el tracto digestivo y las membranas que rodean el cerebro (meninges).
La bacteria Acinetobacter baumannii también es un patógeno de alta mortalidad. Puede causar desde infecciones cutáneas y urinarias, hasta neumonía y meningitis. Actualmente resiste a los carbapenémicos (antibióticos de amplio espectro) más potentes, mismos que también se han vuelto ineficaces contra las bacterias Pseudomona aeruginosa y Klebsiella pneumoniae, causantes de infecciones pulmonares severas.
Las Enterobacteriaceae son una familia de patógenos que causan infecciones gastrointestinales. En esta familia se encuentran las bacterias Escherichia Coli, Shigella y Salmonella, las cuales han incrementado su resistencia a todos los antibióticos.
Otros microorganismos que están en la lista de observación de la OMS son la bacteria Helicobacter pylori, famosa por ser una causa común de gastritis y úlceras estomacales, la cual es capaz de resistir tanto al ácido estomacal como a un gran número de antibióticos, incluida la claritromicina (el antimicrobiano más utilizado para su tratamiento). También se encuentra el Streptococcus pneumoniae (neumococo) y el bacilo Haemophilus influenzae, los cuales han logrado desarrollar inmunidad total a la penicilina.
Actualmente, las muertes anuales vinculadas a los patógenos resistentes superan en número a las que se registran a causa del sida (680 mil), y se estima que para el año 2050 la resistencia antimicrobiana causará la muerte de 10 millones de personas. Es por ello que la OMS la considera una de las primeras diez amenazas para la salud pública mundial.
Referencia
Elsevier Ltd. (2022). Global burden of bacterial antimicrobial resistance in 2019: a systematic analysis. En The Lancet Vol 399, pp. 629-695. https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(21)02724-0/fulltext#%20
S.A. (febrero 27, 2017). La OMS publica la lista de las bacterias para las que se necesitan urgentemente nuevos antibióticos. Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/es/news/item/27-02-2017-who-publishes-list-of-bacteria-for-which-new-antibiotics-are-urgently-needed#:~:text=Entre%20tales%20bacterias%20se%20incluyen,coli%2C%20Serratia%2C%20y%20Proteus.
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30/11/18 | +Descubrir

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ataca el sistema inmunitario y debilita los sistemas de defensa contra las infecciones y contra determinados tipos de cánceres. La fase más avanzada de la infección es el síndrome de inmunodeficiencia adquirida o sida que, en función de la persona, puede tardar de dos a 15 años en manifestarse y se define por la aparición de alguna de las más de 20 infecciones oportunistas o de cánceres relacionados con el VIH.
Las primeras pruebas para detectar anticuerpos contra VIH se desarrollaron en 1985; fueron aplicadas de modo rutinario en los productos sanguíneos, así como en los laboratorios de diagnóstico. En la actualidad, estas pruebas son obligatorias en los bancos de sangre o centros de transfusiones.
Las pruebas rápidas son sencillas, fáciles de realizar e interpretar. Un resultado reactivo requiere su confirmación, un resultado no reactivo no requiere confirmación, pero no significa que esté libre de contraer el virus si tiene factores de riesgo y es necesario realizar otra prueba al término de los tres meses, para que el resultado sea confiable. La muestra para las pruebas rápidas puede ser sangre capilar, suero, plasma, saliva u orina.
El diagnóstico por laboratorio de la infección por VIH se realiza mediante pruebas indirectas, inmunoanálisis enzimático (EIA), para determinar la presencia de anticuerpos anti-VIH o antígenos; cuando se realiza este tipo de prueba, en caso de que el resultado de la primera sea negativo, se realiza la segunda prueba y si el resultado es negativo se informará como negativa. Si el resultado es reactivo la muestra se deberá analizar con una prueba confirmatoria.
Las personas que han tenido una “práctica de riesgo” deben acudir a su médico o al centro especializado, que valorará su caso y determinará el tipo de prueba que debe realizarse y cuándo debe repetirse en caso necesario.
Es obligatorio que los exámenes con resultados reactivos sean repetidos para confirmar la positividad. La muestra se debe procesar con una segunda prueba utilizando antígenos + anticuerpos y una plataforma diferente a la primera prueba. Las pruebas confirmatorias tienen una alta especificidad, siendo el Western Blot (inmunoelectrotrasferencia) el método más utilizado.
Existe otro tipo de pruebas que son complementarias o especiales, se trata de aquéllas que determinan la presencia del VIH o algún componente del mismo, como son: cultivo viral, detección de antígenos, detección cualitativa o cuantitativa de ácidos nucleicos.
En los niños menores de 18 meses las pruebas de tamizaje reactivas no son diagnósticas, debido a la posibilidad de que los anticuerpos presentes sean de origen materno.
En México para diciembre de 2017, se estimó que 230 mil personas vivían con VIH; al 30 de junio del 2018, 147 mil personas tenían acceso a tratamiento antirretroviral en todo el país.
De acuerdo con la tipología de Onusida, México tiene una epidemia concentrada en las siguientes poblaciones, las cuales se deben de realizar la prueba del VIH por lo menos cada 6 meses:
- Hombres trabajadores sexuales (24.1%)
- Mujeres trans (15-20%)
- Hombres que tienen sexo con hombres (17.3%)
- Personas que se inyectan drogas (5.8%)
- Mujeres trabajadoras sexuales (0.7%)
Las personas que deben realizarse la prueba del VIH son aquellas que han tenido relaciones sexuales, que planean tener un bebé, están embarazadas (dos veces durante la gestación), han sufrido violencia sexual y han sido diagnosticadas con alguna infección de transmisión sexual, como sífilis, lesiones por Virus del Papiloma Humano (VPH), tuberculosis o hepatitis C.
En México, el tratamiento antirretroviral es de acceso universal y gratuito para las personas con VIH desde 2003, y su inicio debe de ser lo más pronto posible debido a que, normaliza la supervivencia de las personas con VIH y disminuye el riesgo de transmisión del virus en 96%, por lo que constituye parte fundamental en la respuesta rápida para acabar con el sida.
Referencias
Centro Nacional para la Prevención y el control del VIH y el sida. (2018). Día Mundial del Sida.México: CENSIDA.
Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos «Dr. Manuel Martínez Báez». (2017). Lineamientos para la vigilancia por laboratorio de la Infección por virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH).México: Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos.
Organización Mundial de la Salud. (19 de julio de 2018). VIH/sida. Obtenido de Notas descriptivas: http://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/hiv-aids
Secretaría de Salud. (2016). Guía de Práctica Clínica Prevención, Diagnóstico y Tratamiento en el binomio Madre-Hijo con infección por el VIH.México: Catálogo Maestro de Guías de Práctica Clínica IMSS-246-12.