¿Qué es la escafocefalia?

¿Qué es la escafocefalia?

Nota: Ricardo Ambrosio
Ilustración: Lizbeth García

La escafocefalia es un defecto que se presenta al nacimiento, afecta la forma del cráneo y pertenece al grupo de deformaciones conocidas como craneosinostosis.

La parte superior de la cabeza se forma por dos huesos llamados parietales. En la vida adulta éstos se encuentran fusionados, sin embargo, al nacimiento tienen una ligera separación que es normal y sirve para permitir el crecimiento del cerebro. Cuando se presenta la escafocefalia, los parietales se unen de manera temprana, lo que provoca que la cabeza se deforme mientras el cerebro continúa creciendo. Como consecuencia, el cráneo adquiere un alargamiento anormal de adelante hacia atrás y estrechamiento a los lados.

Esta alteración puede asociarse a otros síndromes como el de Crouzon o de Pfeiffer, o manifestarse de manera aislada. No se conoce una causa específica que la origine, pero se atribuye a condiciones genéticas, factores ambientales, deficiencias metabólicas, falta de vitamina B9 durante el desarrollo embrionario, madres con hipertiroidismo, consumo de tabaco o la presencia de fármacos como ácido valproico durante la gestación. Los factores de riesgo paterno incluyen ser mayor a 35 años o tener antecedentes familiares de este padecimiento.

El diagnóstico es clínico y se puede apoyar en estudios de imagenología. Existe la posibilidad de diagnosticarla durante el embarazo, principalmente cuando se sospecha que el bebé tiene alto riesgo de nacer con esta deformación.

El tratamiento frecuentemente consiste en cirugía, aunque existen casos leves que no la ameritan, en los cuales únicamente se utilizan cascos diseñados para corregir la forma de la cabeza, con la finalidad de restaurar la apariencia del cráneo, reducir la presión sobre el cerebro y crearle un espacio adecuado para que pueda crecer. Los casos severos o los que son detectados tardíamente pueden requerir varias cirugías.

Si no se trata oportunamente, este padecimiento provoca deformidad permanente en la cabeza, retraso en el desarrollo, disfunción cognitiva, alteraciones oftalmológicas, ceguera, problemas neuronales e incluso la muerte.

No existe prevención para este padecimiento, lo más recomendable es contar con asesoría de médicos genetistas en caso de planear un embarazo cuando hay antecedentes familiares de esta condición.

 

Con información del Doctor Alberto Manuel Ángeles Castellanos, Académico e Investigador del Laboratorio de Cronobiología Clínica y Experimental y Jefe del Departamento de Anatomía, Facultad de Medicina de la UNAM.

 

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Síndrome de Cotard: el trastorno que hace que las personas crean que están muertas

Síndrome de Cotard: el trastorno que hace que las personas crean que están muertas

 

 El síndrome de Cotard o delirio de negación es un trastorno psiquiátrico muy raro y poco frecuente que se caracteriza por la negación de la existencia de algunas partes del cuerpo e incluso de sus órganos. Un paciente con este síndrome puede referir que no tiene sangre, cerebro, que está muerto o que ya no puede morir porque es inmortal. 

A pesar de que se desconocen las causas, se ha encontrado que puede asociarse a otras enfermedades psiquiátricas como esquizofrenia, trastornos afectivos o cuadros depresivos muy graves. Neurológicamente hay alteraciones en ciertas áreas del cerebro, como migraña, tumores cerebrales, traumatismos craneales, síndrome de parkinson y esclerosis múltiple. Estos pacientes también pueden presentar ansiedad, irritabilidad, silencio voluntario, ausencia de dolor (llamada analgesia) o un umbral de dolor muy bajo, y en los casos más drásticos pueden llegar a automutilarse y tener pensamientos e intentos suicidas.  

Lleva su nombre en honor a Jules Cotard, quien lo describió en 1880 por primera vez. Actualmente existe un reporte del Dr. Jesús Ramírez, del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de México, en el que detalla que de 842 pacientes neurológicos, sólo uno presentó este síndrome durante un estudio que duró dos años. Mientras que, en el área de psiquiatría, sólo 5 de 479 lo manifestaron en ese lapso.  

El tratamiento principal consiste en buscar la raíz del cuadro que lo origina, si es psicótico, como la esquizofrenia, se recomendaría la administración de psicofármacos y antipsicóticos. En caso de depresión, se haría con la ayuda de antidepresivos, moduladores del ánimo, anticonvulsivantes e incluso el uso de terapia electro convulsiva, en los casos demasiado graves. Por otra parte, si se trata de un trastorno neurológico, de igual manera se debe encontrar la causa y tratarla con fármacos y/o cirugía de ser necesario. 

Como dato curioso, se dice que varios especialistas y críticos han analizado la película de “Sexto sentido”, estrenada en 1999, sobre si es posible que el personaje principal, interpretado por Bruce Willis, padece o no este síndrome. 

  

Con información del Dr. Carlos Jesús Castañeda, Médico Psiquiatra, Profesor de Pregrado y Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM, Ex director del Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez y Encargado de la Unidad de Atención Especializada de Género en el Hospital General de México “Eduardo Liceaga”.

Parkinson: una enfermedad degenerativa del cerebro

Parkinson: una enfermedad degenerativa del cerebro

Nota e ilustración: Zenyaci Morales
Infografía: Elvia Hernández

 

El Parkinson es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso central, que se caracteriza por temblor de reposo, dificultad para iniciar movimientos, rigidez e inestabilidad en la postura. Genera una gran pérdida de las neuronas que aportan dopamina, lo que reduce la producción de este neurotransmisor.

Los principales factores de riesgo son la herencia genética, aunque no se ha descubierto cuáles son específicamente los genes involucrados y la edad, que aumenta después de los 55 a 60 años y se va incrementando consecutivamente en periodos de cinco años. Sus causas aún son desconocidas, pero diversos estudios apuntan su relación con el uso de algunas toxinas presentes en pesticidas y herbicidas, sin embargo, esto no ha sido comprobado en su totalidad. 

Aunque en realidad el riesgo de padecerla es mínimo, curiosamente cuando existen antecedentes familiares aparece en edades más tempranas, hacia los 40 o 50 años; a diferencia de los casos sin antecedentes hereditarios en los que se presenta de manera muy esporádica y ya en la tercera edad.

Entre los síntomas más comunes se encuentra el temblor de reposo, que generalmente comienza en una mano, en la mitad del cuerpo y meses después, con la evolución de la enfermedad se empieza a generalizar. Otra característica es la lentitud en todos sus movimientos, denominada bradicinesia. El paciente al caminar ya no tiene el balanceo que acompaña a la marcha, pierde habilidad para maniobrar objetos pequeños como el abotonarse o cepillarse los dientes y le resulta muy difícil hacer los movimientos que se aprenden de manera automatizada.

Antes de que la enfermedad pueda ser diagnosticada, se han registrado un par de síntomas que surgen como la pérdida del olfato en la mayoría de los casos, seguida por colitis. Una vez que se diagnostica, la sobrevida es de cinco a diez años en promedio.

Cuando la enfermedad de Parkinson está muy avanzada, la marcha presenta una flexión en el tronco con los brazos pegados a él y los pasos se vuelven cortos, caminan como de puntitas, por lo que el paciente tiende a caerse hacia delante; su voz va perdiendo intensidad y entonación, su escritura se deforma, se hace más pequeña, su firma se vuelve irreconocible y la expresión facial inexpresiva.

La enfermedad de Parkinson evoluciona en los adultos mayores de modo que se asocia también con la pérdida de sus funciones intelectuales o demencia y registra trastornos de memoria y orientación. Las complicaciones radican en una evolución discapacitante para el paciente que deja de deambular, de llevarse el alimento a la boca, de deglutir y de expresarse, lo que genera inmovilidad y un exceso de reposo que favorece a las infecciones pulmonares.

Debido a que esta enfermedad no tiene cura, el tratamiento sólo es paliativo, para ofrecer una mejor calidad de vida a los pacientes. El fármaco más efectivo es la levodopa, capaz de llegar directamente a las neuronas para sintetizar la dopamina. Sin embargo, está indicado después de los 65 años, ya que genera el fenómeno de tolerancia, es decir, el paciente requiere una mayor dosis progresivamente, y esto a su vez genera efectos secundarios como rigidez excesiva al despertar (fenómeno de on-off), lo que desaparece hasta el momento de la ingesta del medicamento. Pero ahora éste genera un exceso de movimientos involuntarios. Por esta razón, se da preferencia al uso de medicamentos dopaminérgicos. Los anticolinérgicos que sirven para el temblor, al contrario de la levodopa, son indicados antes de los 65 años, ya que suelen acelerar el deterioro cognitivo e intelectual, la falta de memoria y orientación en adultos de edad avanzada.

En caso de falla del tratamiento es posible ayudar al paciente con una intervención quirúrgica, que consiste en la implantación de neuroestimuladores en el tálamo y región subtalámica.

 

 

Con información del Doctor Luis Delgado Reyes, Neurocirujano, Profesor de Anatomía y de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM y Médico Adscrito al Servicio de Neurología del Hospital Juárez de México.

¿Qué es la adicción a los videojuegos y cuál es su tratamiento?

¿Qué es la adicción a los videojuegos y cuál es su tratamiento?

 

Nota: Janet Aguilar

Ilustración: Ana Baca

 

La adicción a los videojuegos es un problema de salud mental, se caracteriza por la dificultad en controlar el tiempo y la frecuencia de utilización de los videos juegos. Las personas prefieren jugar,  más que realizar otras actividades de la vida diaria, como comer, dormir,  estudiar o relacionarse con otras personas, lo cual tiene consecuencias negativas en el contexto de las personas. Se presenta con mayor frecuencia en la etapa de la adolescencia.

Esta adicción se presenta con otras condiciones de salud mental como son los trastornos del estado de ánimo, ansiedad, uso y abuso de alcohol, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, entre otros. La adicción a los video juegos también afecta el estado de salud, frecuentemente se presentan trastornos del sueño, problemas de sobrepeso y obesidad; debido a que se reducen las horas de sueño y la actividad física.

Debido a que es un problema de salud, el diagnóstico, la evaluación y el tratamiento debe de estar a cargo de profesionales de salud mental como lo son los psicólogos clínicos y médicos especialistas en psiquiatría, principalmente.

El tratamiento para la adicción a los videojuegos debe de considerar la severidad de los síntomas, el nivel de disfuncionalidad que genera en las personas y la presencia de otros problemas de salud mental. Una vez que los especialistas evalúan lo anterior, pueden indicar intervención psicológica, farmacológica o combinar ambas dentro de un tratamiento multimodal.

La intervención psicológica está fundamentada en la Terapia Cognitivo-Conductual cuyo propósito es disminuir la sintomatología. Tiene como objetivo que la persona logre un control sobre el uso de los videojuegos.

De manera general, este tipo de intervención se realiza en tres etapas:

  1. Psicoeducación es identificar incentivos para motivar a la persona en reducir la frecuencia de uso o tiempo uso de los videojuegos.
  2. El terapeuta junto con el paciente analizan los patrones de comportamiento que están asociados a los videojuegos. La intervención está dirigida al desarrollo de  estrategias y habilidades sociales para el manejo del estrés y solución de problemas, los cuales favorecen el sentido de control y autoeficacia.
  3. Finalmente se trabajan estrategias y planes para prevenir recaídas.

Dentro de la intervención psicológica es importante la inclusión de redes de apoyo social como son los padres, familiares y amigos. De igual manera se realiza la activación conductual y la promoción de la salud como parte del cambio conductual de quien tiene esta adicción.

 

Con información de la Doctora Aurora L. Jaimes Medrano, «Técnico académico Asociado C» TC, Adscrita al área de Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental, Facultad de Medicina de la UNAM.

 

 

 

Sexomnia

Sexomnia

Nota e infografía: Zenyaci Morales

 

Los trastornos del sueño son alteraciones que afectan la duración y la calidad del dormir, repercutiendo también en nuestra calidad de vida; éstos a su vez, interfieren en nuestras actividades sociales, laborales y académicas. Dentro de la clasificación de los trastornos del sueño encontramos a las parasomnias, en las que ocurren conductas o eventos mientras dormimos, ya sea durante el sueño superficial o el sueño profundo.

La sexomnia es una de estas parasomnias que sucede en la fase de sueño más profundo y se caracteriza por tener ciertas conductas sexuales, como la búsqueda del acto sexual con el compañero de cama, desvestirse, masturbación, emisión de gemidos o vocalizaciones e incluso la penetración o lubricación vaginal, los pacientes no recuerdan nada de esto al despertar y se presenta con mayor frecuencia en hombres jóvenes o adolescentes.

Este trastorno suele acompañarse de otros, como la Apnea Obstructiva del Sueño, Trastorno de Movimiento Periódico de Extremidades e Insomnio y se agrava por hábitos inadecuados, como la irregularidad en los horarios para dormir, el desvelo y el estrés.

No se sabe la causa exacta por la que se origina este trastorno, sin embargo, se piensa que puede ser por alguna irregularidad o incluso problemas de disociación, en el cual, en el cerebro se activan algunas regiones, sobre todo del cíngulo, mientras la persona está durmiendo, esto no es normal y ocasiona movimientos bruscos similares al sonambulismo.

Es necesario realizar un estudio polisomnográfico para obtener el diagnóstico correcto y evaluar si existen otras condiciones o trastornos asociados, en caso de tenerlos, se deberá seguir un tratamiento específico para ellos.

 

 

Con información del Dr. Andrés Barrera Medina, Especialista de la Clínica de Trastornos de Sueño de la Facultad de Medicina de la UNAM.