Cuidado con las bebidas energizantes

Cuidado con las bebidas energizantes

Nota: Erick Cortés
Ilustración: Jeremy Monroy

 

Son consumidas por aquellos que sienten que no tienen suficiente energía y se fatigan con frecuencia. Otros las prefieren más por su sabor dulce. Los anuncios publicitarios recomiendan utilizarlas para reducir el cansancio, eliminar el sueño, mejorar la concentración, el rendimiento académico y atlético. 

Las bebidas energizantes utilizan principalmente dos ingredientes potencialmente energéticos para el cuerpo humano: el azúcar y la cafeína. Aunque también pueden utilizar otras sustancias como la taurina, vitaminas del complejo B, ginkgo biloba y guaraná. Estas sustancias incrementan el estado de alerta porque interfieren con el proceso biológico del sueño, bloquean los receptores de adenosina y favorecen la liberación de catecolaminas (hormonas producidas por las glándulas suprarrenales como respuesta al peligro y que estimulan la respuesta de lucha o huída).

Además, estimulan el Sistema Nervioso, mejoran los reflejos, incrementan el pulso cardíaco y la circulación sanguínea. Por esta razón, están contraindicadas en personas que tienen problemas de ansiedad, pues sus efectos pueden detonar ataques de pánico, estados de agitación y crisis nerviosas, así como empeorar el insomnio y otros trastornos del sueño.

Las bebidas energizantes también pueden ser perjudiciales para quienes padecen hipertensión y enfermedades del corazón, ya que causan vasoconstricción y potencian la actividad cardíaca, lo que puede elevar peligrosamente la presión arterial y provocar ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares.

Las personas sanas también pueden presentar estos efectos si exceden la cantidad recomendada de cafeína (400 miligramos al día). Las y los infantes son más propensos a sufrir una sobredosis, ya que la cantidad recomendada se reduce a 2.5 miligramos por kilogramo de peso corporal (menos de 50 mg), misma que es muy fácil de exceder si se desconoce la proporción contenida en el envase.

Otros riesgos, más asociados con el consumo frecuente que con la sobredosis, son las hipervitaminosis. Además, el alto contenido de azúcar de estas bebidas incrementa las probabilidades de padecer enfermedades asociadas con los altos niveles de glucosa en la sangre, como diabetes y obesidad.

Si bien las bebidas energizantes no representan ningún riesgo para la mayoría de las personas, se sugiere que su consumo sea ocasional. Si con frecuencia se presenta fatiga o agotamiento, se recomiendan otras formas naturales y saludables de incrementar la energía, como dormir mejor, hacer más ejercicio y mejorar la alimentación, así como acudir al médico para descartar cualquier patología que pudiera estar afectando el metabolismo.

Referencia

 

 

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El sistema urinario y sus implicaciones en la salud

El sistema urinario y sus implicaciones en la salud

No es muy común hablar de la importancia que tiene el sistema urinario para el funcionamiento del cuerpo humano, como lo es hablar de otros temas de salud pública. Sin embargo, los riñones cumplen tareas esenciales relacionadas con diferentes sistemas y órganos.

El aparato urinario se divide en dos partes: el aparato urinario superior incluye los riñones y los uréteres, y el aparato urinario inferior incluye la vejiga y la uretra. 

Las principales funciones que realizan los riñones son:

  1. Sacar agua (orina).
  2. Secretar una hormona (eritropoyetina) que estimula a la médula ósea para formar la hemoglobina.
  3. Eliminar las toxinas que nuestro cuerpo produce a diario como creatinina, urea y ácido úrico, y las sustancias de los medicamentos que ingerimos.

Cada riñón está formado por millones de nefronas, las cuales tienen un componente fundamental llamado glomérulo, que es un filtro compuesto por capilares, donde se depura cada mililitro de sangre por minuto y se conforma la orina, lo que se relaciona directamente con el sistema cardiovascular, ya que esta filtración depende de la presión con la que la sangre llega a los glomérulos. Tanto con una presión arterial muy baja como con una excesivamente alta llega poca sangre y en ambos casos los pacientes orinan menos. La presión arterial sistólica está definida por la de las arteriolas renales, por esta razón, cualquier cambio en la presión arterial repercute directamente en la función renal.

Los túbulos renales forman la otra parte de la nefrona a partir de los glomérulos. Una vez que la sangre ya ha sido filtrada, en los túbulos comienza propiamente la orina y cada uno de ellos puede secretar y absorber sustancias como toxinas, fármacos y electrolitos. En el caso de la glucosa, se filtra el 100 por ciento y luego ese mismo porcentaje se absorbe, por lo que al final la orina debe tener un 0 por ciento de ella. Cuando en los casos de diabetes la glucosa en sangre supera los 180 mg/dl, esta reabsorción tubular resulta insuficiente y se empieza a eliminar glucosa mediante la orina, debido a que los capilares y las arteriolas renales se dañan por un mecanismo oxidativo que genera el exceso de la misma. Estos se engruesan y desarrollan aterosclerosis, lo que disminuye el riego sanguíneo y la capacidad de filtración glomerular. El control de la glucosa favorece a la disminución del daño renal al disminuir el proceso oxidativo. 

Por otro lado, el hígado es un órgano con el que también se relacionan directamente, puesto que su circulación, la eliminación de toxinas y metabolitos (algunos de medicamentos) por vía hepática dependen de la capacidad de la filtración glomerular, por lo que el estadio más avanzado del daño hepático también perjudica al sistema renal.

Con respecto al sistema neurológico se afecta de manera indirecta, ya que el equilibrio de electrolitos que está definido por el sistema urinario determina la función de comunicación entre las neuronas. Por lo que una disfunción renal en una eliminación excesiva de electrolitos por sodio, puede llegar a causar el estado de coma o la muerte.

Debido a su relación con los sistemas antes mencionados, cuando los riñones no funcionan adecuadamente, se presenta la disfunción o insuficiencia renal, por lo que no hay salida de orina, se desarrolla anemia y edema o retención de líquidos.

Se recomienda que, para el cuidado de los riñones, se ingiera un litro de agua por cada 35 kg de peso y es importante consultar al médico en caso de presentar cualquier ardor o dolor al orinar, sangre en orina por mínimo que sea, ya que en caso de tener tumores renales, la enfermedad continúa evolucionando sin tener el diagnóstico adecuado.

 

Dr. José Antonio Absalon Reyes, Especialista en Medicina Interna y en Geriatría Maestro en Ciencias y en Farmacología Clínica. Adscrito al Departamento de Medicina Interna del Centro Médico Nacional Siglo XXI. Profesor de Farmacología de la Facultad de Medicina de la UNAM.

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Dieta saludable, clave para prevenir la hipertensión

Dieta saludable, clave para prevenir la hipertensión

 Nota: Zenyaci Morales
Ilustración: Ana Baca y Zenyaci Morales

La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias. Cada vez que el corazón late bombea sangre hacia las arterias, es el momento donde la presión es más alta y se le conoce como presión sistólica. Mientras que, cuando el corazón está en reposo, entre un latido y otro, la presión sanguínea disminuye, es a lo que se le llama presión diastólica. En el adulto se considera que una presión menor a 120mmHg/80mmHg es la adecuada. Sin embargo, cuando la presión arterial es igual o superior a 140mmHg/90mmHg se conoce como hipertensión arterial sistémica.

La presión arterial alta o hipertensión arterial (HTA) es una enfermedad en la que la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias, con el transcurso del tiempo, es lo suficientemente alta como para causar enfermedad cardiaca, accidentes cerebrovasculares e infartos.

La presión arterial alta suele presentarse con ausencia de síntomas, por lo que se le conoce como el asesino silencioso. Aunque en algunas personas si se presentan algunos como dolor de cabeza, dificultad para respirar, sangrado nasal, palpitaciones y náuseas.

En México, la prevalencia de HTA ha ido en aumento, según la ENSANUT 2018 el 18.4 por ciento de los adultos mexicanos la padece, esta condición está estrechamente relacionada con la alta prevalencia del 75 por ciento de sobrepeso y obesidad que existe en nuestro país. Además, existen otros factores de riesgo, como la edad, los antecedentes familiares, una alimentación poco saludable, la inactividad física, el consumo de tabaco, el consumo excesivo de alcohol y el estrés.

Entre los hábitos alimentarios que han provocado estas altas prevalencias se encuentra el alto consumo de sal, según las encuestas, en México, consumimos entre 7 y 9g diarios de sal por persona, lo que se encuentra por arriba de las recomendaciones que son menos de 5g al día (menos de 1 cucharadita), y no solamente se refiere a la sal que le agregamos a los alimentos, sino a la sal que muchas veces no vemos, pero que se encuentra en abundancia en los productos ultraprocesados como las frituras, botanas, carnes frías, refrescos, los consomés en polvo, las comidas rápidas, por lo que es de suma importancia evitar este tipo de alimentos.

El exceso de sodio, componente de la sal, genera retención de líquidos en el cuerpo, lo que incrementa el volumen sanguíneo, afectando a las arterias y demandando un mayor esfuerzo del corazón. Además, afecta a un mecanismo de seguridad en el cerebro que es regulador de la presión arterial, por la secreción excesiva de la hormona antidiurética vasopresina.

Varios de estos factores, relacionados con el estilo de vida pueden ser modificados para prevenir el desarrollo de HTA como es hacer ejercicio, dejar de fumar, disminuir el consumo de alcohol, procurar disminuir el estrés, y como herramienta básica es el consumo de una dieta saludable, la que debe incluir un alto consumo de frutas y verduras (4 a 5 raciones al día), cereales integrales y leguminosas. El consumo de estos alimentos facilitará que aumente el consumo de fibra dietética, cuya recomendación es de 25 a 30g al día. También se recomienda consumir alimentos lácteos bajos en grasa, y si se consumen carnes debe preferirse el pescado y el pollo (sin piel ni grasa), el consumo de carnes rojas debe ser mínimo (no más de una vez por semana y raciones pequeñas), esto ayudará a que nuestra dieta sea también baja en grasas saturadas y colesterol.

 

Con información de María del Carmen Iñarritu, Maestra En Nutriología, Académica del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Sexualidad y Enfermedades Cardiovasculares

Sexualidad y Enfermedades Cardiovasculares

Nota, ilustración e infografía: Zenyaci Morales

Las enfermedades cardiovasculares son desórdenes que afectan al corazón, a los vasos sanguíneos, venas y a todo el aparato circulatorio, siendo el padecimiento más común el infarto de miocardio y la primera causa de muerte en el mundo, sin contar el reciente evento extraordinario por COVID-19. En la última década el número de muertes por enfermedades cardiovasculares aumentó en un 50 por ciento.

Es importante considerar cuando se ha presentado un evento cardiovascular como un infarto agudo al miocardio o cuando se detecta una de estas enfermedades en el paciente sin haber presentado ningún evento previo de este tipo. En ambos casos, se deben controlar sus factores de riesgo, como el padecer obesidad, colesterol alto en sangre, hipertensión o diabetes.

Cabe señalar, que el tratamiento en los primeros minutos de infarto al miocardio ha logrado salvar muchas vidas y las enfermedades del corazón por obstrucciones en la arteria causan necrosis o muerte del tejido miocárdico que puede significar muerte súbita o dejar al corazón con una mala función.

Estas enfermedades afectan igual a mujeres y hombres, sin embargo, la etapa hormonal de las mujeres las protege hasta que llega el momento de la menopausia, es decir, corren menor riesgo hasta los 45 a 50 años, mientras que, la incidencia se vuelve mayor hacia los 65 a 70 años, otra de las características importantes en las mujeres es que presentan menos signos y síntomas cuando ocurre una falla cardíaca. Para el sexo masculino la edad promedio en la que ocurre un infarto con mayor frecuencia es alrededor de los 60 años.

Durante mucho tiempo se pensó que no era recomendable que estos pacientes tuvieran una vida sexualmente plena, sobre todo, después de tener un infarto. La gran mayoría de los y las pacientes que han sufrido un infarto no preguntan a su médico sobre cómo llevar su vida sexual y el miedo es frecuente, tanto en las personas afectadas, como en sus parejas y muchos médicos tampoco les dan información al respecto. Sin embargo, es extremadamente raro que ocurra un infarto durante la actividad sexual y no hay evidencia de que signifique algún peligro, e incluso algunos estudios señalan que mejora la función cardiovascular, dependiendo del daño que haya causado el infarto. Ésta puede reanudarse a las pocas semanas de haberlo sufrido, siempre y cuando el paciente se encuentre estable, controlado con su tratamiento y rehabilitado.

El medico rehabilitador irá fijando la carga de esfuerzo en la o el paciente de acuerdo a sus condiciones y evolución. Por su parte, este esfuerzo no es tan grande en el acto sexual e incluso resulta mucho más peligroso una mala noticia, un maltrato o algún otro tipo de situación adversa que atente contra sus emociones como una fuerte noticia o un despido.

Es importante optar por un estilo de vida basado en la prevención de estas enfermedades cardiovasculares y metabólicas como obesidad, diabetes e hipertensión, puesto que son las más incidentes en nuestro país y significan un gran problema de salud pública. Se estima que dentro de 15 a 20 años la mitad de la población fallecerá a causa de enfermedades cardiovasculares.  

 

Con información del Doctor Enrique Gómez Álvarez, Profesor de Cardiología de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Medicina de la UNAM.