Pandemia y salud mental, ¿cómo afectará a las futuras generaciones?

Pandemia y salud mental, ¿cómo afectará a las futuras generaciones?

Nota: Eric Ramírez
Ilustración: Alexis Domínguez

Los síntomas de depresión, ansiedad y trastornos postraumáticos son más comunes en niñas y niños a partir del confinamiento.

“Levántate. Enciende el celular o computadora y conéctate porque ya es tarde. Deja de soñar y apúrate a la tarea. No te distraigas. No puedes salir porque es peligroso. Tampoco puedes jugar porque no hay espacio. No hagas ruido porque estoy trabajando”.

De pronto esta fue la nueva realidad de muchos infantes, quienes fueron obligados a dejar de lado sus ganas de explorar el mundo para sentarse frente a algún dispositivo a tomar clases durante horas. Tiempo en donde no hay sorpresas, hora de recreo con sus amistades, ni siquiera un rato de desconexión entre la escuela y la casa. Su mundo se vio reducido a paredes, cables y, en el mejor de los casos, un patio o jardín.

Tan sólo en México, diversos estudios han confirmado que los síntomas de depresión, ansiedad y trastornos postraumáticos son más comunes en niñas y niños a partir del confinamiento. Ellos son los afectados más invisibilizados que ha dejado esta pandemia. Se les nota más irritables, apáticos, con dificultad para concentrarse, problemas de sueño y de insomnio, por lo que llegan a necesitar de una rutina para sentirse seguros.

Preescolar es una de las etapas más afectadas, ya que es cuando aprenden a través de la imitación; su principal fuente de socialización se vio eliminada y por ello está en riesgo una edad de cambios importantes en el neurodesarrollo . Prácticas como moldear una plastilina, jugar con pares o guardar sus cosas antes de salir al recreo están provocando retrasos en el desarrollo de la organización, el lenguaje y la formación motora.

Las y los adolescentes de primaria y secundaria también han perdido su socialización, pero ellos se han adaptado a las nuevas formas de convivencia por medio de redes sociales o videollamadas, con los riesgos que conlleva.

Es importante resaltar que los infantes se dan cuenta de todo, aunque no lo parezca o no lo demuestran; los problemas de desempleo, la tasa en aumento de violencia familiar y el estrés que tienen los adultos en casa debido al trabajo, les afectan de forma indirecta. Y aunque muchos de estos problemas existían desde antes, ahora son más notorios y no tienen a la escuela como medio de escape de esa realidad.

Para aminorar todos estos males en etapa preescolar se recomienda tener una muy buena comunicación entre padres e hijos, preguntarles constantemente cómo se sienten, cuál es su percepción de la pandemia o simplemente resolver sus dudas respecto a la enfermedad, así como dejarlos expresar todos sus miedos y angustias. También, en la medida de lo posible, retomar las rutinas. Por otra parte, con los adolescentes se sugiere intercalar sus actividades académicas y las de ocio.

Lo ideal sería que las escuelas actualicen la educación que ofrecen con una reestructuración y flexibilización de sus planes de estudios, basándose en los modelos pedagógicos de una enseñanza híbrida, mezclando actividades sincrónicas y asincrónicas. A partir del asentamiento de la nueva normalidad que nos dejó la pandemia, se aconseja explorar diferentes formas de evaluación y con ello también capacitar a las y los docentes. Debemos reaprender a enseñar.

Esto representa precisamente uno de los aspectos positivos, el pensar en el cambio definitivo del sistema educativo actual. Uno donde no sólo se incluya un aula, sino también se integren las tecnologías buscando adaptarlas al lenguaje de las nuevas generaciones de enseñanza pandémica para poder acabar con la brecha digital y acercar a más personas al Internet.

 

Con información de la Dra. Diana Patricia Guízar Sánchez, Académica del Departamento de Fisiología, Facultad de Medicina de la UNAM.

 

 

Lo que sabemos sobre la nueva hepatitis infantil

Lo que sabemos sobre la nueva hepatitis infantil

Nota: Erick Cortés
Ilustración: Gabriel Espinosa

La hepatitis es un cuadro clínico caracterizado por la inflamación del hígado. Esta puede ser de causa infecciosa (por virus, bacterias o parásitos) o tóxica, por el consumo excesivo de sustancias nocivas, como el alcohol y algunos medicamentos.

Las hepatitis contagiosas son las causadas por un virus, como los tipos A y B, las cuales es posible prevenir a través de la vacunación. Sin embargo, un nuevo tipo de hepatitis aguda de causa desconocida se ha estado presentando en infantes de distintos países desde el 5 de abril del 2022.

El primer reporte se presentó en Escocia con un brote que afectó a diez infantes que presentaron síntomas como ictericia (coloración amarilla de la piel y los ojos), diarrea, vómito y dolor abdominal. Tres días después se reportó la aparición de 74 casos en el Reino Unido y tres más en España. Para el 21 de abril se contaban 169 casos en 11 países de América y Europa, lo que causó la activación de una alerta epidemiológica emitida por la Organización Mundial de la Salud.

Se encontró que en el 44 por ciento de los casos las y los pacientes estaban infectados con un tipo común de adenovirus conocido como F41 y en algunos se presentaba una coinfección con el virus SARS-CoV-2, aunque no se pudo confirmar que estos patógenos fueran la causa de la hepatitis, ya que el 66 por ciento de los casos no estaban infectados con ningún virus.

Por lo regular, los adenovirus causan infecciones respiratorias, gastrointestinales y urinarias, aunque también pueden causar hepatitis en personas que tienen un sistema inmunológico deprimido. Se transmiten a través del contacto con fluidos corporales como la saliva y los desechos (orina y materia fecal).

Especialistas han presentado distintas teorías para explicar la aparición de la nueva hepatitis aguda en infantes. Una de ellas sostiene que el sistema inmunológico de personas que han estado expuestas previamente al virus SARS-CoV-2 responde de forma exagerada ante la presencia del adenovirus, generando el cuadro de hepatitis; o bien, que el adenovirus F41 presente algún tipo de mutación.

Aunque no se conoce con certeza la causa de esta nueva enfermedad, las autoridades sanitarias han emitido una serie de recomendaciones que incluyen el lavado frecuente de manos, cubrir la nariz y la boca al estornudar y toser; evitar compartir alimentos, cubiertos, vasos y platos; desinfectar los juguetes que se comparten en sitios públicos como la calle, la escuela y las guarderías; y completar el esquema de vacunación contra la hepatitis A y B.

 

Con información de la Dra. Rosa María Wong Chew, jefa de la Subdivisión de Investigación Clínica y del Laboratorio de Investigación en Enfermedades Infecciosas, Facultad de Medicina de la UNAM;  y el Dr. Sarbelio Moreno Espinosa, infectólogo pediatra del Instituto Nacional de Pediatría de la UNAM.

Para más información, consultar la conferencia “Hepatitis viral grave en infantes” disponible en YouTube: https://youtu.be/kNHJgQaJa8c

 

 

 

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Síntoma de ómicron en niñas y niños

Síntoma de ómicron en niñas y niños

Síntomas de ómicron en las y los niños

Nota: Pamela Gómez
Ilustración: Gabriel Espinosa

No se trata de una simple gripe, la variante ómicron sigue siendo COVID-19 y en sólo dos meses ha predominado a nivel mundial, afectando a todos los grupos de edad.

Desde que comenzó la pandemia por COVID-19 hemos observado que aunque la enfermedad sí se presenta en infantes, suelen ser más resistentes que los adultos. Sin embargo, con la nueva variante ómicron hay una mayor proporción de infecciones en menores. 

Tan sólo en diciembre de 2021 y enero de 2022 se observó que el 30 por ciento de los infectados en Estados Unidos correspondía a infantes, mientras que con las variantes anteriores era del 6 por ciento. Por otro lado, en Canadá uno de cada cinco casos corresponde a un menor de edad. No se sabe si es causa de que la nueva variante tenga mayor afinidad con este grupo de edad o sea un reflejo de una menor vacunación en él.

Aunque los síntomas de la infección por ómicron son mucho más leves, en las y los niños debemos prestar mucha atención. Los más frecuentes son: fiebre, dolor de cabeza intenso, estornudos, escurrimiento nasal, tos seca, dolor faríngeo, sudoración nocturna, malestar, dolor muscular y cansancio extremo. Sin embargo, se ha encontrado que en menores de tres años hay un incremento de casos semejantes a los de la bronquiolitis o al crup (laringotraqueobronquitis). 

Si se detecta que una niña o un niño tiene síntomas, lo mejor es aplicarle una prueba para hacer un diagnóstico específico, el aislamiento del resto de la familia, así como el control de las vías respiratorias altas. Cada vez que se esté con ella o él, ambas partes deben usar cubrebocas, tenerlo aislado, habitaciones bien ventiladas y mantener un buen estado de hidratación y alimentación. Los síntomas pueden durar alrededor de 5 a 7 días.

Durante este periodo se debe vigilar que tengan una buena evolución, un control de la fiebre adecuado, buena hidratación y que no tengan dificultad para respirar. Cuando un menor tiene fiebre alta o prolongada, se observa que tienen tos semejante a la de un perro, que tiene chiflido o dificultad para respirar, aumento de la frecuencia respiratoria, oxigenación por debajo de 92 por ciento o si vemos que tiene alteraciones en el estado de alerta es necesario acudir a un médico inmediatamente.  

No conocemos a largo plazo qué tipo de secuelas pueda generar, pero las y los pediatras deben estar pendientes de la aparición del síndrome inflamatorio multisistémico, que se llega a presentar de dos a cuatro semanas después de que el o la menor presenta la infección, así como casos de diabetes mellitus. No debemos de olvidar que ómicron es COVID-19 y se debe estar pendiente de las propias complicaciones. 

Se dice que hasta el 50 por ciento de infantes que presentan la infección tienen en algún momento datos de COVID de larga duración, es decir, tienen al menos un síntoma persistente hasta 120 días después y en el 42 por ciento esto los incapacita en su vida diaria. Los síntomas más frecuentes que se han presentado son fatiga, rinorrea o congestión nasal, sienten el pecho apretado, dolor torácico, tos persistente, dolor muscular, inflamación o dolor en las articulación, cefaleas, duermen demasiado o presentar insomnio, pérdida de peso, diarrea, dolor abdominal, dolor estomacal, estreñimiento, rash, palpitaciones y cambios en la menstruación.

Las recomendaciones para evitar contagios en menores son: vacunación en niños mayores de 5 años (aprobado a nivel mundial), así como la vacunación y el refuerzo de adultos que le rodean, mantener la distancia social, uso de cubrebocas al tamaño adecuado del rostro, lavado de manos, espacios ventilados, evitar contacto con personas enfermas o estar en lugares aglomerados.  

Con información de la Doctora Ana Carolina Sepúlveda Vildosola, Médico Pediatra, Profesor de asignatura, Facultad de Medicina de la UNAM

 

 

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Importancia del ejercicio pediátrico en el desarrollo psicomotor

Importancia del ejercicio pediátrico en el desarrollo psicomotor

Nota: Karen Hernández

Ilustración: Elvia Hernández

 

Una de las principales preocupaciones de los padres hacia sus hijas e hijos es que tengan un desenvolvimiento correcto para que lleguen a la edad adulta sin deficiencias de salud. Para identificar si llevan un crecimiento adecuado, se debe prestar atención al desarrollo psicomotor, porque muchos aspectos como las relaciones sociales, el aprendizaje, la capacidad de expresión e imaginación, van a depender de la manera en que la psicomotricidad se presente. 

Gracias al Sistema Nervioso Central, en los primeros años de vida hay un desarrollo de los sentidos y se observa una relación de las y los bebés con el entorno en donde adquieren la mayoría de las habilidades como son: 

  • Motricidad gruesa, referente al uso de los músculos grandes encargados de los diferentes cambios de postura.
  • Motricidad fina, corresponde a la coordinación y uso de los músculos pequeños del cuerpo para realizar movimientos de presión, agarre, transferencias, etc.
  • Lenguaje, que tiene que ver con las habilidades relacionadas con la comunicación.
  • Habilidades sociales, actualmente se contempla el conocimiento en este rubro, debido a que se ha visto afectado o beneficiado dependiendo de la situación de los infantes, cómo interactúan con los adultos y sus pares en los diferentes entornos. 

Es importante destacar que el desarrollo psicomotor es diferente en cada niña y niño, dependerá mucho del ambiente en el que se desarrolle, su genética o su propio carácter. Por ejemplo, pueden estar físicamente sanos, pero tener un desfase en alguna de las otras áreas como en el lenguaje o en las habilidades sociales. Por eso se debe vigilar a los menores y llevar un seguimiento de su desarrollo con un profesional de salud.

Algunos de los factores de riesgo que se relacionan con el retraso en el desarrollo de las niñas y los niños son prematuridad, bajo peso de nacimiento, malnutrición, infecciones congénitas, edades muy tempranas o avanzadas de los padres en el momento del embarazo o alguna caída de la madre en esta etapa.

La detección temprana de los problemas en el neurodesarrollo es de suma importancia, y se puede lograr con pruebas que ayudan a tener oportunamente un diagnóstico y un tratamiento. Por ejemplo, un tamiz neonatal, que consiste en tomar una muestra de sangre del talón de la o el recién nacido para detectar si hay alteraciones del metabolismo como hipotiroidismo congénito, es una de las enfermedades endocrinas más frecuentes de la niñez y es causa de retraso mental.

Otra prueba muy utilizada en México es la Evaluación del Desarrollo Infantil, se puede hacer a partir del primer mes de nacimiento hasta un día antes de los cinco años, toma 15 minutos y evalúa las áreas motrices grueso y fino, lenguaje y conocimiento, además de considerar la exploración neurológica, así como la presencia de factores de riesgo biológicos y señales de alerta. El resultado final utiliza un sistema de semáforo: rojo para riesgo de retraso, amarillo para regazo y verde para desarrollo normal. 

La actividad física beneficia al desarrollo motor de los infantes porque favorece el aumento de movimientos coordinados del cuerpo, fomenta un estilo de vida saludable, fortalece la autoestima, la confianza, y si es realizada en grupos, mejorará su habilidad social. Se debe prestar mucha atención para ayudarlos a tener una vida más saludable y que puedan disfrutar de su niñez.

 

Con información de la Licenciada en Fisioterapia Magdalena Ferrusquía Figueroa, académica de la Licenciatura en Fisioterapia, Facultad de Medicina de la UNAM.

Manual para la Aplicación de la Prueba Evaluación del Desarrollo Infantil EDI, Secretaría de Salud, 2013. Disponible en  http://himfg.com.mx/descargas/documentos/EDI/ManualparaEvaluacionaMenoresde5conRiesgodeRetrasoenelDesarrollo.pdf

 

 

 

Las 9 enfermedades por las que más se acude al pediatra

Las 9 enfermedades por las que más se acude al pediatra

Nota: Eric Ramírez
Infografía: Pamela Gómez

Quizá uno de los sentimientos más difíciles a los que se enfrentan las madres y los padres es cuando sus hijas e hijos se enferman por primera vez. Se preguntan “¿qué hice mal?” y se sienten frágiles ante la incertidumbre de la enfermedad que acecha.

Para muchos el siguiente paso sería ir al doctor a que atienda la enfermedad, sin embargo, hay quienes prefieren los remedios caseros, los cuales no siempre benefician a las y los pacientes. Por ello, este recuento de molestias, síntomas o enfermedades por las que más se acude al pediatra, pretende brindar información adecuada para actuar de forma correcta.

  1.   Dolor de garganta y escurrimiento nasal: Estos síntomas son la causa más común de consulta, principalmente en otoño e invierno. Para prevenirlos se recomienda tener cuidado con los cambios de temperatura, abrigar correctamente a los infantes, lavado de manos constante y enseñar el estornudo de cortesía. En la mayoría de los casos puede tratarse de Faringitis o Rinofaringitis, por lo que se debe evitar la automedicación y recordar que cerca del 90% de estas infecciones son de origen viral y no requieren antibiótico. Por otro lado, es recomendable la lactancia materna por lo menos hasta los dos años de edad, de esta forma disminuyen la frecuencia, gravedad y duración de las infecciones.
  2.   Dolor de oído: La causa más común es por el llamado síndrome del nadador, en donde el ingreso de agua a este órgano puede causar una infección. Para contrarrestarlo se recomienda el uso de protectores en los oídos y enseñarles a sonarse la nariz con la boca abierta. En el caso de infantes que aún toman biberón, se debe evitar que lo hagan en posición horizontal. Este problema también puede estar asociado a una infección en la nariz, garganta o laringe. 
  3.   Infección de vías urinarias: Un problema frecuente pero a veces poco considerado. Para prevenirlo se recomienda enseñarles a secarse bien sus genitales después de ir al baño y evitar que se aguanten las ganas de orinar, principalmente por estar jugando. En las niñas, se aconseja que utilicen una muda de ropa interior en el día y otra en la noche.  
  4.   Problemas de la piel: La mayoría corresponde a lesiones cutáneas leves y aisladas. En el caso de las y los bebés, la más frecuente es la denominada dermatitis del área de pañal, que requiere evaluación clínica para indagar qué lo está favoreciendo. Se debe evitar la automedicación con cremas o pomadas, sobre todo aquellas que contengan esteroides. En niñas y niños mayores es frecuente la lesión secundaria a un piquete de mosco, que puede ocasionar una infección. Para prevenir picaduras  lo recomendable es usar protectores contra insectos, tener cuidado con el entorno y el uso de mosquiteros. 
  5.   Traumatismos por accidentes: Las niñas y los niños suelen tener mucha energía, están explorando el mundo y por ende se encuentran en una situación de riesgo constante. Si hay un accidente lo ideal es guardar la calma, lavar la herida y hablar de lo que pasó. Debemos procurar un hogar seguro, con protectores para puertas y contactos eléctricos, además de enseñarles a estar alejados de áreas de peligro, como la cocina o las escaleras y mantener bajo estricta protección medicamentos y líquidos para limpieza del hogar. 
  6.   Infecciones respiratorias bajas: Éstas dependen de la edad de los infantes y la época del año. Son infecciones que afectan bronquios y/o pulmones, que en principio se manifiestan con síntomas de vías respiratorias superiores, y posteriormente se pueden agregar tos intensa, dificultad respiratoria y fiebre. El consejo es tener una buena higiene con sus vías respiratorias, lavarse las manos constantemente y si hay alguien en casa con algún síntoma de enfermedad, debe usar cubrebocas. Es importante que los padres estén informados de los signos de alarma para sospechar este tipo de infecciones.
  7.   Dolor de piernas o articulaciones: Los síntomas más comunes son dolor en las piernas y en el tórax, que a la vez están relacionados con la actividad física y la forma de dormir, frecuentemente corresponden al llamado “dolor de crecimiento”. Para contrarrestarlo se recomienda actividad física. Asimismo, la madre y el padre deben saber que esos dolores no son problemáticos y aprender a reconocer aquellos que deben ser evaluados por un médico.
  8.   Diarrea: También conocida como gastroenteritis aguda. En niños menores de 2 años es la principal causa de rotavirus. Actualmente las vacunas han sido el principal medio de prevención, pero sigue habiendo infecciones intestinales de otras causas, ya sean bacterianas o parasitarias. Lo más importante es el lavado de manos y cuidar la preparación y conservación de los alimentos.
  9.   Problemas conductuales: Algunos problemas tienen que ver con la rebeldía de los niños, como no querer comer, tener una actitud retadora, no avisar para ir al baño o postergar su sueño, entre otros. En este caso, lo ideal es que las madres y los padres sean firmes con sus reglas y no pierdan la comunicación con sus hijas e hijos, en algunos casos se requiere ayuda profesional.

Es importante siempre acudir con un especialista y no automedicar  o usar remedios caseros o con hierbas, potencialmente riesgosos o sin instrucciones médicas previas. 

 

Con información del Doctor Héctor Jaime González Cabello, Pediatra y Académico de la División de Estudios de Posgrado, Facultad de Medicina de la UNAM.